viernes, 18 de febrero de 2011

Cinco estadíos

Introducción

Algunos autores distinguen cuatro estadíos en el desarrollo de habilidades. Cuatro fases en el despliegue de nuestras capacidades. No se sabe a ciencia cierta quién fue el iniciador de este modelo. Según algunas fuentes, fue Noel Burch, (de la Gordon Training International Organazation), quien a su vez se inspiró en el modelo de aprendizaje propuesto por Abraham Maslow.
Estas fases son:

1)      incompetencia inconsciente: uno no sabe que no sabe algo
2)      incompetencia consciente: uno se da cuenta que es incompetente en algo
3)      competencia consciente: uno desarrolla habilidad en esa área pero todavía tiene que pensar para realizarla
4)      competencia inconsciente: uno logró habilidad en algo y lo hace naturalmente

Un sueño

Parecía un edificio convencional de oficinas, descuidado y gris. Ciertamente no era como lo había imaginado, y por eso pensé que allí no encontraría lo que buscaba. No obstante, algo me impulsó a seguir adelante.
Las puertas de acceso estaban abiertas y daban a un gran hall de entrada, frío y desolado. A mi izquierda había un largo pasillo con muchos ascensores. Después de cierta vacilación, porque no sabía cuál tomar, subí a uno de ellos y marqué el primer piso.

En el primer piso había una especie de laberinto de pequeñas oficinas, atestado de gente. De esos cubículos entraban y salían personas constantemente. Realizaban distintas actividades y si bien todos eran diferentes, porque cada uno tenía su estilo y su propio ritmo para hacer las cosas, observé que tenían algo en común: todas actuaban de manera mecánica, automática, sin pensar.
Algunas hacían sus labores solas, otras en conjunto, pero cada una estaba en lo suyo, aún las que interactuaban lo hacían despreocupadamente sin prestar mucha atención al entorno.
Había mucho ruido y voces que se superponían. Algunas, cual cotorras, repetían secuencias una y otra vez. Aquí y allá, sobresalían  risas y llantos y algún que otro grito desconcertante.
No me gustaba estar allí, de manera que busqué una salida. Después de dar muchas vueltas (porque no la encontraba), llegué a un pasillo que desembocaba en una puerta roja que atrajo mi atención. Por algún motivo, desconocido para mí, la sola visión de esa puerta me serenó, así que decidí abrirla y ver qué había del otro lado. Conducía a una especie de plataforma de elevación. “Qué divertido” sentí/pensé y di un paso adelante. Ni bien entré comenzó a subir y se detuvo sola unos metros más arriba.

Llegué al piso siguiente. Este era un lugar parecido al anterior igualmente poblado, pero un poco más ordenado y despejado. Aunque había mejor circulación de aire y más iluminado se respiraba un clima general de preocupación, descontento, susto, inhibición y/o irritación. Sólo algunos individuos parecían disfrutar y estar bien, o al menos tranquilos.
En general se comportaban de manera más dubitativa e insegura que los del piso de abajo. Hacían y deshacían, guardaban y descartaban, oscilaban entre períodos de actividad e inacción.
Más allá de eso, daba la sensación de que estaban más conectados entre sí y con el lugar. Miraban lo que hacían otros y en algunos casos lo comparaban con sus propias producciones. Muchos imitaban los gestos y comportamientos de los demás y también se veía a algunos corregir a otros en sus quehaceres.
Como tampoco me gustó ese lugar, decidí continuar al piso siguiente. De manera que volví a la plataforma y, ni bien la pisé, otra vez comenzó a subir. Esta vez el viaje fue mucho más lento y extraño que el anterior. La plataforma cambió varias veces de velocidad, se detenía y volvía a arrancar, a veces intempestivamente y otras con suavidad.

Inquieta (por el comportamiento extraño del elevador) llegué al tercer nivel. Al salir de la plataforma alguien me esperaba en el hall de recepción. La inquietud desapareció y dio paso a una grata sensación de ser bienvenida. Lo interpreté como una buena señal. El señor que me recibió era de mediana edad, amable, medido y algo distante.
Recorrí el espacio, era inmenso. Contenía diversidad de habitaciones, salas, salitas, aulas, laboratorios, bibliotecas, gimnasios, teatros, y muchas cosas más. Cada lugar tenía su propio estilo de decoración y ambientación. El conjunto era dinámico y colorido.
Algunos ambientes estaban vacíos, otros ocupados por una, dos, tres o más personas. Algunas salas estaban repletas de gente.
Este lugar era mucho más tranquilo y organizado que los dos anteriores. Los seres que lo habitaban parecían más serios,  reconcentrados y medidos tanto en su forma de hablar como de comportarse.
Había espacios de actividad, otros de descanso y también algunos lugares de esparcimiento, en los que se los veía divertirse y disfrutar con mayor soltura y despreocupación.
Allí, como dije, todos parecían estar bastante concentrados y entregados a su tarea. Se esforzaban por hacer las cosas bien o por arreglar lo que salía mal.
A nivel interaccional tenían también mayor capacidad de atención y comunicación. Parecían escuchar más y pensar antes de hablar.
Algunos trabajaban en equipo en forma colaborativa pero otros parecían competir para “ser el mejor” o hacer mejor las cosas. Los competitivos estaban más tensos y parecían más agresivos, los colaborativos parecían más alegres y relajados.
Me gustaba ese piso y estaba cansada, así que busqué una habitación en la que pudiera recostarme un rato a descansar. Encontré un cómodo sofá y allí me quedé dormida.
Estaba en el mejor de los sueños, cuando un sonido fuerte me despertó y ya no pude volver a dormir. Decidí levantarme con la idea de seguir recorriendo, ya que quedaban muchas cosas por ver, pero para mi sorpresa escuché que alguien me llamaba desde algún lugar. Así que cambié de idea para ver de dónde provenía esa llamada. Después de una breve recorrida pude localizar de dónde provenía. Venía de la plataforma, pero como no se veía a nadie allí, supuse que alguien del siguiente nivel quería conectarse conmigo.  
Ingresé nuevamente al elevador, pero esta vez no se movió. No veía ningún botón o palanca para accionarlo, así que me quedé allí un rato, perpleja, pensando qué podía hacer. La voz seguía llamando, de manera que se me ocurrió preguntarle cómo se activaba la plataforma.  En ese momento el elevador comenzó a subir en forma suave y pareja.

El cuarto piso estaba iluminado con una luz muy especial, cálida y vigorizante al mismo tiempo
Tenía, como el piso anterior, multitud de habitaciones, salas, salitas y salones destinadas a múltiples usos, todo estaba ordenado y prolijo pero parecía menos estructurado. La decoración más liviana, original y creativa, con toques de belleza e ingeniosa practicidad.
Sentí mucha alegría de estar allí y aunque recién comenzaba mi recorrida, tuve la sensación de haber llegado al final del camino: había encontrado un hermoso lugar, armonioso y al mismo tiempo heterogéneo, organizado pero no rígido. Práctico y estético. ¿Qué más podía pedir?.
El espacio era inmenso y estaba poco poblado. Los seres que vivían allí eran más silenciosos y muy diferentes a los anteriores. Emanaban paz y fuerza a la vez, tenían movimientos confiados y fluidos. Cada personalidad era muy definida y parecían aceptar sus diferencias sin dificultad.
En una de las salas encontré seres descansando. Aproveché para decirles que ese era el espacio que estaba buscando y si me podía quedar allí. Me dijeron que en breve obtendría una respuesta.
Fui conducida a una habitación, me dijeron que esperara allí y  sirvieron una exquisita comida. Después de comer cerré los ojos, me relajé y presté atención al ritmo de mi respiración. Me llené de paz.
No sé cuánto tiempo permanecí en ese estado, tampoco importaba mucho saberlo, pero debe haber pasado bastante tiempo porque alguien volvió a traer otro exquisito plato de comida, junto a una nota que decía en letras grandes: “LA DECISIÓN ES TUYA”. “Qué maravilla”, pensé, “¡me puedo quedar!”.
Sin más demora, busqué una habitación libre para instalarme.

La percepción del paso del tiempo era muy diferente allí. A veces minutos parecían horas y otras veces, las horas se deslizaban como minutos. Así que perdí el registro, no sé cuánto tiempo permanecí en ese nivel.
Un día, a poco de ir a dormir, escuché una hermosa música que no había escuchado antes. Como no tenía mucho sueño me levanté para ver de qué se trataba.
Pasé por el elevador y vi que la música provenía de allí. Ni bien lo miré todo ese espacio se llenó de una luz magnética y vibrante, que penetraba la materia. Mi cuerpo vibró. Sin pensarlo me acomodé en el elevador y comenzó a subir. A medida que subía se hacía cada vez más liviano e inmaterial.

Llegué a un lugar etéreo. Los seres allí eran luminosos y se desplazaban con una notable liviandad. Se entendían casi sin necesidad de hablar, ni gesticular. Cada uno tenía una vibración y un tono de luz diferente, junto con una presencia muy definida, que producía inmediatos efectos en mis sensaciones y en mi mente. Algo en mí se modificaba con cada presencia, se transformaba: mi mente se expandió, comprendí cosas, su sentido, su forma de funcionar e interactuar, la conexión que había entre unas y otras. Captaba todo sin esfuerzo y las preguntas que se sucedían en mi mente encontraban, de alguna manera, respuestas que venían acompañadas de certezas.
Uno de los seres emitía un perfume indescriptible, conmovedor, que expandió mi corazón. Su presencia me llenó de amor.

Despertar

Me sobresaltó el despertador. Cuando abrí los ojos estaba en mi cama, en mi casa. No entendía nada, ¿había soñado o fue real?. Todo había sido muy vívido, mucho más que un sueño.
Me duché y tomé el desayuno. La claridad mental y la intuición eran sólo un grato recuerdo. Mientras me vestía tuve el deseo de volver al lugar de los seres etéreos, de volver a expandir mi consciencia y corazón, de volver a mi sueño.

Al rato, una ráfaga de indescriptible perfume llenó la habitación y experimenté, estando despierta, la misma expansión que en el sueño.

El quinto estadío

Desde mi punto de vista, hay un quinto estadío en el desarrollo de nuestras habilidades, la competencia supraconsciente: uno logró habilidad en algo y lo hace con mayor amor, intuición y creatividad.

Eugenia Lerner