domingo, 22 de mayo de 2011

Pere y Grino: la magia de alimentarse.

En unos días más Pere y Grino tendrían que pasar la prueba final para estar en condiciones de independizarse. Esta prueba consistía en obtener su propio alimento. Una vez que demostraran su capacidad de abastecerse por sí mismos, papá Hal y mamá Con prepararían la ceremonia de despedida. Luego, según la tradición, dejarían el nido.
Pere, dado su temperamento aventurero, no veía la hora de explorar nuevos territorios. Grino más bien prefería ensoñar esas situaciones, en la comodidad de su hogar.
Como tenían personalidades tan diferentes, también encaraban su entrenamiento de manera diferente. Pere practicaba muchas horas al día y ejercitaba su agudeza visual y otras habilidades físicas y mentales necesarias para cazar. Generalmente quedaba extenuado. Grino, en cambio, sólo utilizaba unos minutos diarios para estas cuestiones y el resto del tiempo lo pasaba jugando, descansando e imaginando que cazaba gordos pajaritos. Pero al parecer su sistema no estaba funcionando bien, porque hasta el momento, sólo había atrapado uno, mientras que Pere, no paraba de cazar.
Si bien a Grino no le importaba mucho esta prueba (porque no tenía verdadera urgencia en dejar el nido) Pere se burlaba de sus ‘fracasos’ y su amor propio se estaba viendo afectado cada vez más. Por lo que decidió cambiar de actitud y demostrarle en los hechos de lo que era capaz.

Hacía un tiempo Grino había escuchado al búho Sabetodo (asesor y amigo de sus papás) decir que si uno imaginaba algo intensamente, lo que uno imaginaba se convertiría, algún día, en realidad. Fueron dichas palabras de Sabetodo, sumadas a su tendencia natural a la ensoñación, las que lo llevaron a adoptar el método en cuestión. Así que, sin decirle nada a nadie, decidió ir a consultarlo.
Voló hasta donde el búho sabio vivía y, después de respetuosos saludos, le contó que imaginaba todos los días que atrapaba, pero que cuando salía a cazar, la presa se le escapaba.
Acto seguido, Sabetodo le hizo una serie de preguntas para averiguar, con más detalle, cómo se entrenaba. Después de obtener la información que necesitaba, el búho prosiguió: “en aquélla oportunidad, escuchaste sólo una parte de lo que dije… La cuestión es que para que la imaginación alimente hay que alimentar la imaginación”.
Grino se quedó perplejo y le pidió aclaración. Sabetodo no contestó directamente pero, cuando se despidieron, agregó: “Pere y Grino son dos partes de un todo. Suelen ser más efectivos cuando uno colabora con el otro”.

Después de reflexionar unos minutos Grino comprendió el mensaje: debía ejercitar todas las habilidades por igual (la visión, el vuelo, la caída en picada, el atrape, la actitud relajada y asertiva, junto con la imaginación). Dado que su amor propio estaba en juego, se abocó a ello con empeño y determinación.

Llegó el día esperado y todos despertaron al amanecer. Pere y Grino salieron de caza. Los papás, esperaron ansiosos su regreso al nido. Un rato más tarde, apareció Grino, sonriente y tranquilo, transportando una magnífica presa en sus garras. Minutos después, llegó Pere con la suya, un poco cansado, pero feliz.

Los padres, de acuerdo con las tradiciones, realizaron el ritual y todos festejaron contentos y en paz.
A la mañana siguiente, Sabetodo vio volar a los hermanos armoniosamente, en la misma dirección; con alegría les dio su bendición de despedida.
Eugenia Lerner



domingo, 15 de mayo de 2011

Pere y Grino: acerca de la comodidad, el placer y la satisfacción.

Hal y Con vivían en una maravillosa montaña desde hacía unos meses. Habían elegido ese lugar para anidar debido a que era una zona boscosa, llena de pequeñas aves e insectos de los que alimentarse y con pocos depredadores a la vista. Había, además, varios arroyitos para tomar agua que al pasar emitían sonidos casi musicales, cuyo efecto era relajante o estimulante, según la cantidad de agua que llevara la corriente.

Poco tiempo después de establecerse allí, Con puso dos hermosos huevos, de los que nacieron sus crías, Pere y Grino. Al principio, la crianza tuvo sus dificultades, pero con el pasar de los días los papás se volvieron más duchos y podían distribuir mejor el tiempo entre juegos y obligaciones.
Pere y Grino crecían confortablemente bajo el cuidado de sus dedicados padres. Cuando cumplieron dos meses, para festejar, Hal les llevó dos suculentos bocados, que devoraron con placer. Una vez que terminaron de comer, el papá dijo con voz firme y paternal: “ya les creció el plumaje, llegó la hora de aprender a volar”.
Pere, que desde hacía unos días esperaba la llegada de ese momento, se sentía impaciente por empezar. En cambio, Grino que estaba muy cómodo en el nido, no tenía ni cinco de ganas de despegar. Así que mientras uno brincaba de alegría, el otro se apretujaba en un rincón, con la ilusión de pasar desapercibido.
A Hal no le sorprendieron mucho las reacciones de sus hijos, porque ya se había dado cuenta que tenían temperamentos muy diferentes. Pero, debido a que era la primera vez que daba instrucciones de vuelo, no sabía muy bien qué hacer para movilizar a Grino. Mientras reflexionaba, a mamá Con se le ocurrió algo. Se acercó al pichón y con su pico lo levantó de la panza suavemente, pero con firmeza, de tal manera que éste no tuvo más remedio que ponerse en pie. Acto seguido Con dio la primera lección que consistió en mostrar la postura corporal correcta (necesaria para poder luego extender las alas).
Pere imitó la postura de su mamá sin dificultad y con alegría, mientras que Grino intentó sin éxito. Se lo veía mover el cuerpo para todos lados, pero ni bien lograba acomodar una parte, la otra se le desacomodaba. A decir verdad, todo esto le resultaba molesto y displacentero. Pero, dada la insistencia de sus padres, siguió probando y probando hasta que finalmente logró alinear el cuerpo y mantener bien erguida la cabeza. Sintió una oleada calentita de satisfacción en su alma, la primera de su vida. Fue una hermosa recompensa a todas sus incomodidades y molestias.

Al día siguiente papá Hal les enseñó a extender las alas. El confiado y alegre Pere inició el movimiento pero ¡uy! … sus fuerzas no le alcanzaron y se quedó a mitad de camino. ¡No lo podía creer! ¡Parecía tan fácil! Su orgullo se magulló y esta fue la primera insatisfacción de su vida.
Al ver a su hermano ‘fracasar’, Grino pensó que esta cuestión de abrir las alas debía ser muy difícil, que él tampoco lo lograría. De todas maneras, se paró en la posición correcta, llevó la atención a la respiración, inspiró profundo y junto con una lenta exhalación ¡ah! ¡las extendió! Concentrarse en la respiración, tal como le habían enseñado sus padres, y mantenerse enfocado en su intención habían hecho la magia. En un momento cerradas y al siguiente ¡abiertas! Esto le resultó casi más placentero que comer.

Unos días después, Hal y Con abordaron la tercera lección: movimiento de alas. Hicieron varias demostraciones,  paso por paso, con lujo de detalles. Pero, a pesar de que los pichones prestaron mucha atención a todas las indicaciones, cuando llegó el momento de imitarlos, se tambalearon y cayeron. Quedaron cola para arriba y pico para abajo contra el piso. Verlos así fue tan cómico que los padres no pudieron contener la risa y, al rato, los cuatro estaban riendo a más no poder. De manera que a pesar de no haber podido mover bien sus alas, pasaron un momento divertido y placentero. Esa noche tuvieron un descanso profundo y reparador.
A la mañana siguiente, después del desayuno, los pichones volvieron a intentarlo y al cabo de unos minutos sus alas se movían con bastante gracilidad.

Faltaba la última lección: el vuelo. Hal y Con esperaron pacientemente a que llegara el día apropiado, con buen viento. Ese día finalmente había llegado y Pere no podía parar de mover sus alas, de la excitación que tenía, pero a Grino le daba mucha pereza.
Eligieron una rama baja, en un lugar despejado, para enseñar la mecánica del vuelo. Cuando los pichones partieron por primera vez de esa rama, más que volar, aterrizaron planeando sobre el suelo. Sólo después de bastante práctica pudieron volar de una rama a otra y necesitaron aún más entrenamiento, para remontar vuelo.
Pere daba grititos de alegría con cada avance. Mientras que Grino profería chillidos de fastidio cada vez que debía pasar al siguiente tramo del proceso.
El día que los pichones dominaron el arte del vuelo, toda la familia preparó un festín y celebraron satisfechos.

Pere y Grino habían aprendido algo más que a volar. Aprendieron que para crecer tenían que salir de la comodidad y que aún cuando no la pasaran bien en algunos momentos, tenían recursos para generar diversión y placer. Descubrieron también que la mayor satisfacción en su vida provenía de ser peregrinos, de seguir creciendo y aprendiendo en su camino.
Eugenia Lerner

miércoles, 4 de mayo de 2011

La fábrica de proyectos

Al ingresar al predio, una mujer amable les preguntó: “¿en qué puedo ayudarlas?”.
-          Venimos a hablar con la Asesora de propósitos -respondió una de ellas.
-          Tomen asiento, por favor –dijo la mujer- en unos minutos las recibirá.
Tengopereza, Quierolograrlo y Todoya se sentaron a esperar. Tengopereza fue allí “bajo protesta” porque, a esa altura de los acontecimientos, había perdido el interés en el proyecto. De manera que se sentó en el sillón más cómodo que pudo encontrar, y masculló sobre él su disconformidad.
Quierolograrlo, estaba bastante expectante y con muchos interrogantes. ¿Cómo sería la Asesora?, ¿cuánto ayudaría? ¿Qué pasaría con el proyecto? Estas y otras preguntas se le cruzaban insistentemente por la cabeza desde hace días. Sentía una mezcla rara de optimismo y dudas respecto de lo que tenían por delante. Por eso, mientras esperaban, decidió pensar en otras alternativas, por si esta no daba los resultados esperados.
Todoya estaba, como era habitual, nerviosa e impaciente. Se ubicó al lado de Tengopereza, pero al sentir su mala vibra, cambió de lugar y se quedó parada junto a Quierolograrlo.

Unos minutos más tarde la Asesora las recibió con una sonrisa y después de una breve charla informal, preguntó:
-          ¿En qué puedo ayudarlas?
-          Bueno… eh… -respondió Quierolograrlo- venimos a consultarla porque queremos hacer una película. Hace dos meses terminamos la carrera de cine. El problema es que no nos ponemos de acuerdo en qué tipo de película queremos realizar y estamos desorganizadas.
-          Ajá … y que opciones han considerado? –preguntó la Asesora.
-          Se nos ocurrieron algunos temas pero los descartamos por distintos motivos: porque no nos gustaron, nos parecieron poco convocantes o eran muy complejos de realizar –respondió Quierolograrlo.
-          ¿y Uds. cómo ven la situación? –preguntó la Asesora, mirando a las otras dos.
-          Yo no tengo muchas ganas de embarcarme ahora en una película. Siento que es mucho esfuerzo. –dijo Tengopereza- Más bien querría tomarme unas vacaciones, pero…
Quierolograrlo interrumpió:
-          Ya nos tomamos dos meses
-          Por favor no volvamos sobre esa cuestión –dijo Todoya-
-          Cuál creen que es la principal dificultad? –preguntó la Asesora.
-          No sé –dijo Todoya- yo al principio estaba entusiasmada pero ahora ya no. A mi me gustaba mucho un guión y tenía ganas de filmarlo, pero cuando vimos que la producción era muy difícil y costosa abandonamos la idea y me desilusioné. Y después surgieron todas las discusiones, y me sacaron las pocas ganas que todavía quedaban.
-          Yo creo que la dificultad es que cada una quiere cosas muy diferentes y ellas no son realistas. Todoya se delira con propuestas que están muy fuera de nuestro alcance y lo que a mi me parece posible a ella le parece aburrido. A Tengopereza le gusta soñar, ella quiere que nosotras hagamos todo el trabajo; sólo hace lo que le gusta y disfruta pensando en la película, como si el trabajo se hiciera solo.
La Asesora reflexionó unos segundos y luego dijo:
-          Parece que al principio las tres estaban motivadas con la idea de hacer una película, ¿no?
Todas afirmaron, aunque Tengopereza asintió de mala gana. La asesora continúo:
-          Después con las dudas, desilusiones y discrepancias se bloqueó transitoriamente el proyecto. ¿Si encontraran una manera efectiva de resolver estas dificultades estarían dispuestas a seguir intentando?
-          Si, claro- dijo Quierolograrlo.
-          Efectiva quiere decir rápida?- preguntó Todoya.
-          Si no es mucho trabajo, puede ser- respondió Tengopereza.
-          En realidad me parece que cada una de Uds. puede brindar algo útil al proyecto –dijo la Asesora, dejando a todas boquiabiertas con este comentario inesperado y sorprendente- Cada una puede aportar un aspecto necesario y útil para llevar adelante la tarea. Pero en este momento las contribuciones de cada una están en un estado potencial, no resultan claras a simple vista y necesitan ser reconocidas para que puedan desplegarlas.
Sus roces pueden impedir o pulir el desarrollo del proyecto, dependiendo de la actitud que tengan con ellos. Si enfocan las fricciones con espíritu de investigación y colaboración, les servirán para mejorar de alguna manera y utilizar favorablemente sus diferencias. Podrán descubrir qué es lo que cada parte tiene para aportar y cómo construir un camino válido para todas. ¿Les gustaría considerar este enfoque?
Cuando las tres asintieron, prosiguió:
-          Mi impresión es que Todoya está regulando el tiempo, o sea, la duración del film y del proyecto. Como es la primera película que encaran, siente que sería mejor emplear un tiempo más acotado y hacer un cortometraje.
Parece que Tengopereza está regulando el esfuerzo. No quiere que se embarquen en algo complicado, que exceda la experiencia de Uds. en este momento. Quiere contribuir además compartiendo sus ‘sueños’ e incluir sus fantasías en el proceso. Con esto les está recordando que algo puede ser simple y significativo al mismo tiempo, puede ser acotado y tener suficiente ‘vuelo’.
Quierolograrlo está motivada para realizar el proyecto, resolver las dificultades y considerar diferentes alternativas para cada cosa. Una vez que aprenda a escuchar a las demás, podrá valorar la contribución de cada una y ayudarlas a trabajar en conjunto.
Seguramente con esta consideración podrán hacer la película, trabajar en equipo, y aprender mucho las unas de las otras.

Al escuchar todo esto las tres se sintieran más animadas, aliviadas y comprendidas. Tenían más claro el rol de cada una y cómo conformar el equipo.
La Asesora se despidió diciendo: “esto es todo lo que tengo para decir por el momento. Pueden volver cuando quieran”.

Cuando Sofía salió del trance chamánico se sintió algo extrañada. Su experiencia había sido menos metafórica u “onírica” que otras veces, y más parecida a una conversación en “la vida real”.  Mientras reflexionaba sobre esto una voz interior le dijo: “la experiencia se presentó de esta manera para mostrarte un estilo  de comunicación con uno mismo, que se puede mantener en la vida cotidiana, en el estado habitual de consciencia”. Al escuchar esto la sensación de extrañeza se disipó y dio lugar a una profunda sensación de bienestar e integración.
Sentía que la meditación la había transformado y clarificado. Le había mostrado un camino para dejar de pelear con sus diferentes aspectos y necesidades. Una forma de  escuchar y respetar a cada parte y, bajo la amable guía de su Asesora interior, lograr la colaboración de todas con el proyecto.
Ahora necesitaba aplicar día a día lo aprendido. Tenía claro que no podría conformar totalmente a todas sus partes todo el tiempo, pero que tampoco se trataba de eso. Más bien lo que necesitaba era paciencia y disposición para tomarlas en cuenta y lograr su cooperación para co-crear su vida y fabricar sus sueños.

Eugenia Lerner