domingo, 29 de junio de 2014

¿Te cuesta meditar?

Hay muchas personas que dejan de meditar porque no encuentran la forma de resolver las dificultades que se les presentan. Me gustaría ofrecerte algunas sugerencias que espero te puedan ayudar a resolverlas.

Ante todo, existen muchas técnicas diferentes de meditación, de manera que si una de ellas no te resulta apropiada, te sugiero que sigas buscando hasta encontrar el método que sea adecuado para tu forma de ser y para tu estilo de vida.

La meditación puede ser en quietud o en movimiento, y la atención puede enfocarse sobre la respiración, un objeto externo, un mantra, un mandala, un sonido, la propia conciencia, etc. Elige alguna forma que te resulte agradable o, al menos, que no te genere resistencia; esa seguramente será la más apropiada para ti.

Si tienes una vida agitada y no tienes un espacio tranquilo para meditar, prueba las  meditaciones breves que pueden realizarse en cualquier lugar. (Encontrarás libros y propuestas sobre este tipo de técnicas en Internet). Quizás en otra etapa de tu vida puedas dedicarle más tiempo, en algún lugar especial.
Valora más tu intención y el hecho de practicar que los resultados que obtienes cada vez. Los resultados son fluctuantes y no dependen de nuestra voluntad.

Si te aburres de una técnica, prueba con otras.

Puedes proponerte la frecuencia y la duración de las prácticas, pero te sugiero que no lo tomes como un programa rígido para cumplir, sino como una meta flexible para alcanzar. Agradecer cada vez que meditas te motivará más que criticarte si no lo haces. De igual manera, habrá épocas en que medites y otras en que no lo hagas. La constancia se construye de a poco, la motivación va y viene como las olas. Si quieres persistir, súbete a la siguiente ola.

No esperes dejar de distraerte. Meditar consiste en mantener el foco de atención en una sola cosa. Pero como la atención naturalmente se dispersa, mantener un foco significa, en realidad, volver a enfocarse una y otra vez.

No intentes dejar la mente en blanco. La mente puede aquietarse en un estado profundo de relajación, pero no dejamos de pensar. Dejar la mente en blanco no es una técnica, es un objetivo; la técnica es la relajación. 

Una sugerencia más: relaja bien el cuerpo antes de meditar. Si te sientes muy ansioso/a o acelerado/a, haz algo antes de relajarte para bajar tu nivel de ansiedad (como caminar, cantar, ducharte, leer, escuchar música, descansar, conversar con alguien o realizar un pequeño ritual).

Por último quiero decirte, que, desde mi perspectiva, la meditación no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un estado particular de paz, de integración y de conexión espiritual. Por lo tanto, cualquier actividad que te lleve a ese estado equivale, en realidad, a meditar. 
Meditar es un vehículo, no es la meta final.

Lic. Eugenia Lerner

domingo, 22 de junio de 2014

Técnicas para el insomnio

Muchas personas tienen dificultades para dormir, ya sea porque tardan mucho tiempo en hacerlo, o bien porque se despiertan en medio de la noche y les cuesta volver a conciliar el sueño.
A algunas de estas personas les alcanza con aplicar las recomendaciones habituales, tales como no ver televisión ni conectarse con equipos electrónicos antes de dormir; no tomar café, té ni mucho líquido después de las cinco de la tarde; mantener un horario habitual de comidas y descanso; relajarse, etcétera.

A otras personas, en cambio, estas recomendaciones no les resultan del todo efectivas. Debido a ello, he explorado otros métodos que suelen ser beneficiosos para armonizar y serenar el cuerpo, la emoción y la mente, y que, por lo tanto, facilitan el descanso.

Técnica tensión-relajación
Acuéstate de espaldas y sin almohada. Mientras tomas aire, tensiona lentamente todo el cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, afloja toda la tensión al exhalar.
Haz este ejercicio unas cuantas veces.

Técnica del “shshsh”
Inhala y cada vez que exhalas, emite el sonido “shshshsh” (se puede hacer mental o vocalmente).
Si te distraes, vuelve al sonido.

Técnica de bajar el volumen
Imagina que tienes un regulador de volumen delante de tu cuerpo. El volumen 10 se ubica a la altura de tu frente y el nivel 1 debajo de tu ombligo.
Ahora imaginas que bajas muy lentamente el volumen del 10 al 1.
Puedes repetir el procedimiento varias veces, figurándote que hay una serie de reguladores ubicados a mayor o menor distancia de tu cuerpo, y que cada regulador actúa a mayor nivel de profundidad.

Técnica de viajar por el espacio
Después de relajarte, lleva tu atención al espacio que rodea tu cuerpo. Imagina que estás contenido en un globo o burbuja porosa. Inhala y exhala con la atención en esa burbuja. Cuando inhalas, la burbuja se contrae; cuando exhalas, la burbuja se expande (o al revés si te resulta mejor). Luego, imagina que la burbuja se agranda hasta abarcar  toda la habitación, y que continúa expandiéndose y contrayéndose al ritmo de tu respiración.
Al cabo de unos minutos, imagina que sales de la habitación, y vuelas o flotas hasta el cielo. Una vez en el cielo, sigues viajando  a través del Universo o te quedas flotando en él.

Puedes probar cuál de estas prácticas te resulta mejor cada día, o realizar las cuatro secuencialmente, desde la primera hasta la última. Ten presente que en algunos momentos necesitarás repetir mayor cantidad de veces cada ejercicio o toda la secuencia.

Pon el foco en realizar los ejercicios y no empujes sus resultados, ya que forzarte a dormir te puede generar tensión y es contraproducente.
Espero que estas técnicas propicien un sueño muy profundo y reparador.
Lic. Eugenia Lerner


sábado, 14 de junio de 2014

La salud y lo saludable

Hace unos años Miriam, una amiga,  enfermó de cáncer y para curarse siguió el tratamiento que su oncólogo indicó: cirugía, quimioterapia y rayos. Lo complementó con dieta saludable y meditaciones sanadoras.

Poco tiempo después de la operación, Miriam recibió un mail de Antonia, otra amiga, que decía:

Preguntarás por qué he mantenido una distancia este tiempo con vos..., y no ha sido precisamente porque quiero, sino porque TE QUIERO y porque me di cuenta de que, por ahora, estás transitando un camino de médicos y quimio que, como amiga tuya que soy, tengo que respetar aunque no lo comparta. No me canso de escuchar tantas experiencias de personas que se han curado de cáncer con distintas terapias, desde crudivorismo hasta simple terapia naturista: los caminos son infinitos. Mientras que la medicina alopática no promete nada, en la medicina natural encontrás resultados claros... Cierto que nadie tampoco se atreve a prometerlos, porque en definitiva la cuestión es interna... Está en la certeza de cada uno de querer sanar su vida, entendiendo esto como vivir de una manera saludable, tanto con relación al cuerpo como al espíritu...  
Este va a ser mi único mail al respecto de esto… 
Te mando un abrazo gigante..., y perdón si mi distancia te suena rara: yo no supe cómo manejar mejor el tener que callarme y respetar tus decisiones.

Miriam le respondió:

No comparto la idea culpógena en relación con la enfermedad; creo que eso enferma más y aumenta el estrés, pero es una manera de pensar.

Lo siento si necesitás mantener distancia porque no compartís lo que estoy haciendo; creí en realidad que no te comunicabas conmigo solo porque estabas muy ocupada.

Actualmente, son muy pocas las personas a las que estoy viendo y me apoyo mucho en ellas. Si vos sentiste que no podes acompañarme en esta que soy, hiciste bien en apartarte. Lo que necesito ahora es que quién este conmigo sienta que puede contenerme, y que yo sienta que puedo cobijarme en ella. Estoy en una ardua lucha contra lo que era mi autosuficiencia y aceptando mi vulnerabilidad.

No estoy en condiciones de lidiar con pensamientos tales de por qué una mujer que consideraba amiga se alejó de mí.

Quizás se trate de que tengamos visiones diferentes de lo que es la amistad. Quizás tener hijos más grandes que eligieron sus propios caminos me llevó a aprender a seguir al lado de los que quiero, aunque no elijan el camino que yo hubiese querido.

Simpatizo mucho con la respuesta de Miriam. Asegurar que la curación depende exclusivamente de una cuestión interna y de la propia voluntad de curarse no solo produce estrés y culpa, sino que es además incierto.

Quise compartir aquí este intercambio entre Miriam y Antonia porque observo muy a menudo este tipo de posturas entre personas que están en una búsqueda espiritual o que siguen algún camino de sanación.

Muchas veces, encontramos recursos o métodos que nos resultan útiles y nos entusiasman, y eso nos lleva a querer compartirlos con los demás. El problema surge cuando no solo deseamos compartirlos, sino que además buscamos imponerlos, en algún sentido más o menos directo, o descalificamos los métodos elegidos por la otra persona –muchas veces, incluso, sin tener los conocimientos suficientes– en un momento en que, además, el otro se siente vulnerable.

A partir de lo anterior, me gustaría aportar mi granito de arena con la esperanza de que recordemos varias cosas a la hora de intercambiar nuestras experiencias:

-  En primer lugar, existen muchos caminos de sanación, y todos ellos ayudan a curar algunas enfermedades y ayudan a algunas personas, pero ninguno de ellos resulta eficaz en todos los casos. No existe ningún sistema médico, psicológico, energético o espiritual conocido que resuelva todos nuestros padecimientos o problemas.

-  En segundo lugar, existen muchos sistemas médicos diferentes que se sustentan en diferentes teorías sobre la cura y la enfermedad. Dentro de la rama de la medicina, las más conocidas son la alopatía (con todas sus especialidades), los enfoques psicosomáticos, la homeopatía, la antroposofía, el naturismo y las medicinas no occidentales, de orígenes diversos (tales como el Ayurveda, la medicina tradicional China y el Chamanismo).
Si bien estos sistemas son muy diferentes entre sí, podemos mencionar algunos de los factores –aunque estos no sean compartidos  por todos y cada uno de los sistemas antes mencionados– que son estudiados como causas de la enfermedad. Estos factores son: genéticos, infecciosos, defectos constitucionales, deficiencias inmunitarias, sensibilidad a sustancias, intoxicación por sustancias, desequilibrios químicos y físicos, desbalance de los elementos, desbalances energéticos, emocionales o mentales, problemas vinculados con la nutrición, etcétera.
Entre los sistemas de medicina no occidental encontramos también otros factores: temas no resueltos de vidas pasadas, lecciones que venimos a aprender a través de la enfermedad, herencia de patrones ancestrales, influencias espirituales de diversa índole, desconexión con aspectos del alma, y muchos otros más.
De manera que, cuando aseguramos que alguien puede curarse a través de su propia voluntad o utilizando un método en particular, estamos asegurando también que conocemos a ciencia cierta cuáles son los mecanismos o las causas de su enfermedad.

- En tercer lugar, existen además muchos otros métodos y técnicas que pueden ser beneficiosas para la salud, tales como las técnicas de meditación, de relajación y de respiración; diversas formas de movilizar la energía; distintos tipos de masajes; métodos variados de terapias corporales; distintas técnicas de movimiento y actividad física, etcétera.
Nuevamente, cada uno de estos métodos y técnicas son apropiados para algunas personas y no tanto para otras. Hay personas, por ejemplo, que se sienten muy a gusto con los masajes y otras que no. De acuerdo con la personalidad y con el temperamento, puede ser más compatible la meditación sentada o la meditación en movimiento, y en otros casos técnicas más dinámicas, como el canto, la danza y otras expresiones artísticas.

-  En cuarto lugar –y esto es fundamental–, a través de la observación detenida de muchos casos, podemos afirmar que existe gente pesimista respecto de su posibilidad de curarse que, no obstante, se cura, y que existe  gente optimista respecto de sus posibilidades que no lo logra. Digo una observación detenida, porque solemos prestar más atención a aquellos casos que confirman nuestras ideas y teorías, y no nos damos tanta cuenta o descartarmos aquellos que no concuerdan con ellas.

-  Por último, dado que no hay ninguna certeza absoluta respecto de lo que nos ayudará, muchas veces necesitamos probar diferentes sistemas hasta encontrar el sistema o los sistemas que nos benefician. En este proceso, la intuición y la convicción personal juegan un rol muy importante a la hora de guiarnos y elegir lo que nos servirá.

Antes de finalizar quiero dar un ejemplo que me parece muy ilustrativo sobre los dogmas en relación con la enfermedad. Hasta hace algunas décadas, se consideraba que la úlcera péptica era, sin lugar a dudas, una enfermedad estrictamente psicosomática. Hoy en día, se sabe que estas úlceras pueden deberse a muchos factores. Uno de los más habituales es la proliferación de unas bacterias llamadas helicobacter pylori. De manera que este tipo de úlceras actualmente se curan con antibióticos. El hecho es que, una vez producida la cura, la mejoría suele mantenerse, aun cuando las condiciones psicosomáticas del paciente no varíen sustancialmente.

Para finalizar, quiero agradecer a Miriam y a Antonia que me permitieron tener presente que todos tenemos una partecita de Antonia en nuestro interior, porque en nuestro afán de ayudar, a veces nos volvemos algo arrogantes o dogmáticos.  
Desde mi perspectiva, para cada padecimiento hay diferentes enfoques posibles, no todo depende de una sola variable ni tampoco hay una solución universal.

Tal como recomendaba el médico griego Hipócrates, padre de la medicina Occidental, lo primero es no dañar.

Lic. Eugenia Lerner 

domingo, 8 de junio de 2014

Aladino recargado

Hace un tiempo me encontré con Ana; hacía muchísimos años que no la veía. Mientras conversaba con ella, recordé que de niña estaba fascinada con el cuento “Aladino y la lámpara maravillosa". Después de ponernos al día, le comenté acerca de su pasión por Aladino, entonces ella hizo un breve silencio y me contó su historia.
“Durante toda mi juventud estuve buscando algo como el genio de la lámpara para que hiciera realidad mis sueños. Lo busqué en la religión, pero allí no lo encontré. Luego intenté con el budismo. En ambos me alentaban a trascender mis deseos terrenales para poder acceder así al gran deseo. Lo intenté, pero no pude renunciar a mis propios deseos ni conformarme con el desapego.

Pensaba que todo estaba perdido, hasta que encontré un gurú que decía que todos nuestros deseos se pueden realizar si confiamos lo suficiente. De más está decirte que me aboqué intensamente a cultivar mi confianza y mi optimismo: pedí una nueva casa, y sentirme feliz con mi trabajo y mi familia. Yo realmente me sentía optimista y confiada. Pero aunque trabajé y trabajé con la confianza, no hubo mucho cambio, y yo me sentí cada vez más frustrada. Pensé que no estaría haciendo las cosas bien, ya que según el gurú la intensidad del deseo es como la lámpara mágica que los materializa en la realidad.
Así que, con esa sensación de fracaso me aparté también del gurú y de sus promesas.

Estaba por darme por vencida cuando encontré otro maestro. Con este aprendí que los deseos son como un auto con el motor encendido y lleno de combustible. Son necesarios, pero no suficientes. El auto no marcha solo, necesita que un conductor haga las maniobras necesarias, esté atento y decida. Lleva tiempo y trabajo llegar a destino. Necesitamos recargarnos de combustible, volver a motivarnos cada vez que nuestra fuerza se debilita, y reparar las averías que se producen al andar, sanar emociones, cambiar nuestras creencias o perspectivas.
Me enseñó, además, que cuando sostenemos un deseo o una intención nuestro espíritu nos ayuda y nos guía. Nos sugiere acciones por seguir y caminos nuevos por explorar, que no siempre son los de mayor comodidad. Me dijo también que algunos de estos caminos parecen no conducirnos adonde queremos llegar, pero a través de ellos adquirimos la experiencia necesaria para poder vivir y disfrutar en el nuevo lugar.

Hoy veo lo que aprendí en cada etapa. La religión me acercó a lo espiritual,  el budismo a la meditación y a la capacidad de renunciar y el gurú a la confianza. Con el maestro encontré una lámpara que ayuda a construir los sueños. Todo consiste en un proceso: desear, pedir inspiración, escuchar la guía, accionar, cambiar preconceptos, probar alternativas, aprender, sanar y recargarse cada tanto de energía.

Comprendí que hay distintas lámparas en diferentes caminos,  y que primero ayúdate y luego Dios te ayudará.
Lic. Eugenia Lerner


lunes, 2 de junio de 2014

El tiempo que llevan las cosas

J.T. Garret, en su libro La medicina de los Cherokees. La vía de las buenas relaciones, expresa de esta manera la actitud de los nativos americanos en relación con el tiempo: “La Madre Tierra tiene sus propios y particulares ritmos, que señalan el comienzo y el fin de las cosas. El llamado ‘Tiempo Indio’ dice que las cosas comienzan cuando están listas y concluyen cuando están terminadas”.

En la Antigua Grecia –cuna de nuestra cultura occidental– existían dos dioses que representaban dos aspectos diferentes del tiempo: Cronos y Kairós. Cronos era el tiempo reloj, el que se podía medir (de allí se deriva el término cronológico) mientras que Kairós, era el tiempo indeterminado que se refería al momento adecuado u oportuno para las cosas. De esta manera, Kairós era muy semejante al Tiempo Indio.

En el siglo XX, nació un nuevo concepto de tiempo, al que llamaré Supercronos. Sus padres  fueron Ciencia y Tecnología. Supercronos recibió todo tipo de alimentos y atenciones: uno de sus nutrientes favoritos fueron los bytes, los megas y las gigas. De este modo, adquirió muchos poderes. Con ellos, creó la Informática e Internet y transformó la industria, la producción agrícola, los medios de comunicación y de transporte, y muchas cosas más.

Como todos sabemos Supercronos es un dios muy venerado hoy en día, principalmente porque tuvo muchos “hijos” que se ocuparon de acelerar y aliviar nuestro trabajo. Todos conocemos a algunos de ellos, tales como la computadora, Internet, los robots, la fast-food y el supermercado.
Supercronos no quiso ocasionarnos problemas, solo quiso ayudarnos a lograr mejores cosas en menor tiempo. Sin embargo, nuestra pasión por él llegó a ser tan desmedida que nos hizo olvidar –a veces hasta rechazar– a sus compañeros inseparables, Cronos y Kairós.

Por eso hoy, algunas personas esperan que una profunda herida de amor se sane en unos pocos días. Otras, que no haya filas de espera en ningún lado. Otras, ser expertas en algo en brevísimo tiempo, y también están las que se decepcionan si su proyecto o negocio no prospera a las pocas semanas de iniciado.

Nosotros podemos erigir a Supercronos a la categoría de dios supremo, pero Cronos y Kairós siguen existiendo. Cronos como el tiempo reloj de las cosas y Kairós como el más humano de los tiempos.
Lic. Eugenia Lerner