miércoles, 4 de mayo de 2011

La fábrica de proyectos

Al ingresar al predio, una mujer amable les preguntó: “¿en qué puedo ayudarlas?”.
-          Venimos a hablar con la Asesora de propósitos -respondió una de ellas.
-          Tomen asiento, por favor –dijo la mujer- en unos minutos las recibirá.
Tengopereza, Quierolograrlo y Todoya se sentaron a esperar. Tengopereza fue allí “bajo protesta” porque, a esa altura de los acontecimientos, había perdido el interés en el proyecto. De manera que se sentó en el sillón más cómodo que pudo encontrar, y masculló sobre él su disconformidad.
Quierolograrlo, estaba bastante expectante y con muchos interrogantes. ¿Cómo sería la Asesora?, ¿cuánto ayudaría? ¿Qué pasaría con el proyecto? Estas y otras preguntas se le cruzaban insistentemente por la cabeza desde hace días. Sentía una mezcla rara de optimismo y dudas respecto de lo que tenían por delante. Por eso, mientras esperaban, decidió pensar en otras alternativas, por si esta no daba los resultados esperados.
Todoya estaba, como era habitual, nerviosa e impaciente. Se ubicó al lado de Tengopereza, pero al sentir su mala vibra, cambió de lugar y se quedó parada junto a Quierolograrlo.

Unos minutos más tarde la Asesora las recibió con una sonrisa y después de una breve charla informal, preguntó:
-          ¿En qué puedo ayudarlas?
-          Bueno… eh… -respondió Quierolograrlo- venimos a consultarla porque queremos hacer una película. Hace dos meses terminamos la carrera de cine. El problema es que no nos ponemos de acuerdo en qué tipo de película queremos realizar y estamos desorganizadas.
-          Ajá … y que opciones han considerado? –preguntó la Asesora.
-          Se nos ocurrieron algunos temas pero los descartamos por distintos motivos: porque no nos gustaron, nos parecieron poco convocantes o eran muy complejos de realizar –respondió Quierolograrlo.
-          ¿y Uds. cómo ven la situación? –preguntó la Asesora, mirando a las otras dos.
-          Yo no tengo muchas ganas de embarcarme ahora en una película. Siento que es mucho esfuerzo. –dijo Tengopereza- Más bien querría tomarme unas vacaciones, pero…
Quierolograrlo interrumpió:
-          Ya nos tomamos dos meses
-          Por favor no volvamos sobre esa cuestión –dijo Todoya-
-          Cuál creen que es la principal dificultad? –preguntó la Asesora.
-          No sé –dijo Todoya- yo al principio estaba entusiasmada pero ahora ya no. A mi me gustaba mucho un guión y tenía ganas de filmarlo, pero cuando vimos que la producción era muy difícil y costosa abandonamos la idea y me desilusioné. Y después surgieron todas las discusiones, y me sacaron las pocas ganas que todavía quedaban.
-          Yo creo que la dificultad es que cada una quiere cosas muy diferentes y ellas no son realistas. Todoya se delira con propuestas que están muy fuera de nuestro alcance y lo que a mi me parece posible a ella le parece aburrido. A Tengopereza le gusta soñar, ella quiere que nosotras hagamos todo el trabajo; sólo hace lo que le gusta y disfruta pensando en la película, como si el trabajo se hiciera solo.
La Asesora reflexionó unos segundos y luego dijo:
-          Parece que al principio las tres estaban motivadas con la idea de hacer una película, ¿no?
Todas afirmaron, aunque Tengopereza asintió de mala gana. La asesora continúo:
-          Después con las dudas, desilusiones y discrepancias se bloqueó transitoriamente el proyecto. ¿Si encontraran una manera efectiva de resolver estas dificultades estarían dispuestas a seguir intentando?
-          Si, claro- dijo Quierolograrlo.
-          Efectiva quiere decir rápida?- preguntó Todoya.
-          Si no es mucho trabajo, puede ser- respondió Tengopereza.
-          En realidad me parece que cada una de Uds. puede brindar algo útil al proyecto –dijo la Asesora, dejando a todas boquiabiertas con este comentario inesperado y sorprendente- Cada una puede aportar un aspecto necesario y útil para llevar adelante la tarea. Pero en este momento las contribuciones de cada una están en un estado potencial, no resultan claras a simple vista y necesitan ser reconocidas para que puedan desplegarlas.
Sus roces pueden impedir o pulir el desarrollo del proyecto, dependiendo de la actitud que tengan con ellos. Si enfocan las fricciones con espíritu de investigación y colaboración, les servirán para mejorar de alguna manera y utilizar favorablemente sus diferencias. Podrán descubrir qué es lo que cada parte tiene para aportar y cómo construir un camino válido para todas. ¿Les gustaría considerar este enfoque?
Cuando las tres asintieron, prosiguió:
-          Mi impresión es que Todoya está regulando el tiempo, o sea, la duración del film y del proyecto. Como es la primera película que encaran, siente que sería mejor emplear un tiempo más acotado y hacer un cortometraje.
Parece que Tengopereza está regulando el esfuerzo. No quiere que se embarquen en algo complicado, que exceda la experiencia de Uds. en este momento. Quiere contribuir además compartiendo sus ‘sueños’ e incluir sus fantasías en el proceso. Con esto les está recordando que algo puede ser simple y significativo al mismo tiempo, puede ser acotado y tener suficiente ‘vuelo’.
Quierolograrlo está motivada para realizar el proyecto, resolver las dificultades y considerar diferentes alternativas para cada cosa. Una vez que aprenda a escuchar a las demás, podrá valorar la contribución de cada una y ayudarlas a trabajar en conjunto.
Seguramente con esta consideración podrán hacer la película, trabajar en equipo, y aprender mucho las unas de las otras.

Al escuchar todo esto las tres se sintieran más animadas, aliviadas y comprendidas. Tenían más claro el rol de cada una y cómo conformar el equipo.
La Asesora se despidió diciendo: “esto es todo lo que tengo para decir por el momento. Pueden volver cuando quieran”.

Cuando Sofía salió del trance chamánico se sintió algo extrañada. Su experiencia había sido menos metafórica u “onírica” que otras veces, y más parecida a una conversación en “la vida real”.  Mientras reflexionaba sobre esto una voz interior le dijo: “la experiencia se presentó de esta manera para mostrarte un estilo  de comunicación con uno mismo, que se puede mantener en la vida cotidiana, en el estado habitual de consciencia”. Al escuchar esto la sensación de extrañeza se disipó y dio lugar a una profunda sensación de bienestar e integración.
Sentía que la meditación la había transformado y clarificado. Le había mostrado un camino para dejar de pelear con sus diferentes aspectos y necesidades. Una forma de  escuchar y respetar a cada parte y, bajo la amable guía de su Asesora interior, lograr la colaboración de todas con el proyecto.
Ahora necesitaba aplicar día a día lo aprendido. Tenía claro que no podría conformar totalmente a todas sus partes todo el tiempo, pero que tampoco se trataba de eso. Más bien lo que necesitaba era paciencia y disposición para tomarlas en cuenta y lograr su cooperación para co-crear su vida y fabricar sus sueños.

Eugenia Lerner

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