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La voluntad para la práctica se va construyendo

Hace muchos años, una profesora de piano le dijo a mi hija: “tenés condiciones, pero si querés ser pianista tendrías que ejercitar al menos cuatro horas por día”. Mi querida hija continuó en el Conservatorio de Música por un tiempo, sin poder cumplir con esa expectativa. Le gustaba el piano, pero no podía dedicarle tanto tiempo y no sabía si por falta de voluntad o de energía. Frustrada, lo dejó  y siguió por otro camino.
En mi experiencia, la mayoría de nosotros nos hemos encontrado con alguna aseveración semejante, al emprender algún aprendizaje o actividad, como por ejemplo, “hay que meditar veinte minutos todos los días” o “hacer gimnasia tres veces por semana”. Todos tenemos más facilidad para practicar ciertas cosas y no tanto otras. Contrariamente a lo que muchas personas creen, no existe siempre una relación lineal entre la vocación, la voluntad y la facilidad que tenemos para ejercitarnos.
Podemos tener vocación e incluso facilidad para algo, pero poca voluntad para lidiar con …

¿Te despertaste y no podés moverte?

Algunas personas al despertar, a veces, no pueden mover su cuerpo inmediatamente y tienen que esperar unos minutos para poder hacerlo. Debido a que he recibido varias consultas por este tema, que suele producir miedo (o incluso pánico) he querido compartir aquí mis conocimientos y experiencia al respecto, con la esperanza de llevar tranquilidad a quienes les sucede.
¿A qué se debe este fenómeno? Se han formulado todo tipo de teorías al respecto. Algunas sostienen que se debe a causas externas, sobrenaturales, de características benéficas o adversas, según el caso. Desde mi punto de vista, este fenómeno es más común de lo que suele creerse y no está, por lo general, vinculado a cuestiones sobrenaturales. En la gran mayoría de los casos se debe a un desfasaje que se producen en nuestra conciencia o en nuestra energía, que no tiene consecuencias ulteriores.
Si lo vemos desde la perspectiva de la conciencia, tiene una explicación muy simple: lo que ocurre es que nuestra mente se despier…

¿Incurable?

Hoy leí en un diario la historia de Carmela (https://www.clarin.com/sociedad/hija-comia-mundo-convirtio-abuela-90-anos_0_H1FzYdD0f.html ). La periodista cuenta cómo Carmela, a los 29 años, comenzó a padecer un cansancio extremo e incapacitante. Después de un año de transitar por diferentes consultorios, finalmente le dan un diagnóstico: Síndrome de fatiga crónica. El artículo mencionado se publicó con motivo del Día Internacional de la fatiga crónica, con la finalidad de dar a conocer la existencia de este síndrome, que no siempre es reconocido ni fácil de diagnosticar.
Lo que en realidad llamó más mi atención no fue tanto la historia, ni las características de esta dolencia, sino las tres palabras que figuran después del diagnóstico: "no tiene cura". Mi corazón y mi cerebro dieron un respingo. Hacía un tiempo había leído, por el contrario, que si se efectuaban cambios en determinadas actitudes y se suprimían ciertos alimentos, muchas veces se lograban revertir estos cuadro…

El agradecimiento a veces viene después

Hace unos días a una querida amiga le entró una rata en su casa. Si hay algo a lo que ella le tiene pánico es a las ratas. Por más que hiciera de todo para calmarse, no lo lograba y tuvo que huir de su casa. Pasó esa noche en lo de su madre con la idea de volver por la mañana para repeler a la invasora. Armada de coraje, al día siguiente, fue a su hogar para tomar algunas medidas pero la invasora no cedió, permaneció. Las medidas que tomó no fueron efectivas.
Así pasó toda la semana. De noche durmiendo en lo de su mamá y por las mañanas, antes de ir a trabajar, volviendo a su casa para tratar de desterrar al terrorífico animal. Tardó 6 días en liberarse de esa criatura. Mi amiga se sentía triplemente mal: por el terror primario que el roedor le provocaba, por sentirse débil para enfrentarlo (y tener que buscar ayuda para hacerlo) y porque, a pesar de su experiencia en meditación y sanación, nada de lo que hacía lograba serenarla: ni las meditaciones, ni los rezos ni todas las técni…

El obstáculo es el camino

Hoy leí un comentario en Facebook que decía: “Cuando los caminos se nos llenan de obstáculos, seguramente es porque hay obstáculos en nuestro interior: miedos, preocupaciones, resistencias. Yo los llamo debilitadores de energía. Son muy tóxicos y nos invaden cuerpo y mente”.
Pienso que estas aseveraciones pueden ser útiles para algunas personas, puesto que nos recuerdan que para transformar los obstáculos es necesario realizar un trabajo interior; pero en realidad, no concuerdo con esta perspectiva (que actualmente está difundida entre muchas personas que transitan caminos espirituales). 
Antes de proponer otra perspectiva, me gustaría decir cuáles son mis discrepancias con las afirmaciones de Facebook antes mencionadas. La primera afirmación dice: “Cuando los caminos se nos llenan de obstáculos, seguramente es porque hay obstáculos en nuestro interior: miedos, preocupaciones, resistencias”. Lo primero que me surge al respecto es una pregunta: ¿existe la posibilidad de que en nuestro i…

Sentir, pensar y actuar en armonía.

Hace un tiempo hablaba en un taller de las tensiones y los conflictos que pueden existir entre nuestros distintos aspectos (esto es, entre nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros comportamientos), y afirmaba que la armonía no consiste necesariamente en que dichos aspectos estén de acuerdo (cosa que muchas veces no ocurre), sino en respetar a cada uno, tolerar sus discrepancias y conducirlos de acuerdo a los dictados de nuestra alma, nuestras necesidades, nuestros valores o nuestras metas.
No había terminado de transmitir esta idea cuando una participante, algo indignada, comentó: “¿Cómo no tratar de que estén de acuerdo? Yo aprendí que hay que buscar concordancia entre lo que uno siente, lo que uno piensa y lo que uno hace. ¡¿Cómo puede haber armonía de otra manera?!”.
“Bueno −le respondí−, cuando existe esa concordancia nos sentimos muy bien y pienso que todos tratamos de encontrarla, pero la cuestión es que muchas veces, por más que lo intentemos, no lo logramos. Frecu…

Encarnar las enseñanzas

Hace un tiempo, mi hija estuvo en un Monasterio de Nepal participando en cursos de budismo tibetano. Me contó que había tenido una muy buena experiencia; yo la noté transformada y, por primera vez, abierta a una tradición espiritual. Eso me llevó a querer conocer algo de dicha tradición.
Ella me comentó que en el Monasterio le habían dicho que había una monja que se había formado allí durante muchos años y que actualmente coordinaba grupos en Buenos Aires. Decidí contactarme con ella y le envié un mail. Me respondió amablemente sugiriendo que la llamara por teléfono y, para mi sorpresa, tuvimos una larga conversación telefónica.
Me preguntó cómo la había ubicado, y le conté la historia que ella escuchó con atención. Luego me informó que su Centro era muy pequeño y que tenía muchas dificultades para difundir  sus actividades aquí, por lo que tenía poca concurrencia. Me dijo también que en este país a la gente le cuesta mucho comprometerse, tener continuidad y disciplina. Agregó que le co…