lunes, 20 de junio de 2011

Pere y Grino: la magia de la transformación

Hacía unos días que Pere y Grino habían dejado el nido familiar para buscar su propio lugar. Después de tantear distintas posibilidades, Pere encontró un lindo huequito en donde anidar, entre unas rocas, con un buen ‘techo’ de ramas. Allí pasó la noche contento y orgulloso con su primera morada.
Al despertar, a la mañana siguiente, quiso compartir su alegría con Grino. Sabía que no estaba muy lejos de allí, así que decidió ir a su encuentro. Para localizarlo, activó su ‘radar’ intuitivo de vuelo y permitió que éste lo guiara.
A los pocos minutos lo divisó, posado quietito sobre una rama. Rápidamente aterrizó a su lado y sin poder contener su excitación le contó, con lujo de detalles, las peripecias de su búsqueda y las características del maravilloso lugar que había encontrado. Acto seguido, le pidió (en realidad casi lo instó) a que fueran hasta allí, para que Grino pudiera conocerlo.
Pero Grino ni se movió. Permaneció cabizbajo y contraído todo el tiempo. Cuando Pere llegó y lo vio así, supuso que su hermano recién se despertaba y que pronto se despabilaría. Pero no fue así, algo andaba mal.
No sabía muy bien qué hacer, dado que sus estados de ánimo eran diametralmente opuestos y le costaba mucho desacelerar en ese momento. De manera que, haciendo un esfuerzo supremo, preguntó:
- ¿Qué te pasa?
- Extraño mucho a papá Hal y mamá Con… extraño mucho nuestro nido… y…. y (ya lloriqueando agregó) ¡y… no no en-encontré ningún lu-lugar conforta-a-able para miiii…!
- uhy! Uhy! -chilló Pere, y conteniendo su fastidio, no tuvo mejor idea que insistir en su propuesta- ¡¡¡te propongo volar hasta mi lugar y después te ayudo a buscar el tuyo. Cerca de allí hay muchos buenos huequitos para anidar!!!
- mmmh… no tengo fuerzas ahora para moverme y tengo frío –dijo Grino en un tono casi inaudible.
A esa altura de los acontecimientos, ambos se sentían contrariados: Pere,  frustrado porque Grino no satisfacía sus deseos y Grino, incomprendido dada la insistencia de Pere.
El diálogo se había cortado y el clima entre ellos estaba muy tenso, por lo que Pere se despidió y decidió desfogar su furia en un largo vuelo. Grino en cambio, permaneció allí cada vez más triste y apichonado.

Ambos deseaban revertir la situación pero no sabían cómo. Cada uno necesitaba algo del otro, pero ninguno de los dos podía satisfacer lo que el otro esperaba.

El día terminó y llegó la noche. Después de tanto volar, Pere, cansado, fue a dormir a su cuevita. Grino se durmió en el mismo lugar en el que había estado durante el día.

Esa noche Pere tuvo un extraño sueño. Soñó que, en medio de una fuerte tormenta, caía un rayo cerca de un pajarito. El se acercaba a ver qué le había sucedido y notaba que el pajarito estaba herido. Mientras se preguntaba cómo podía ayudarlo, llegaba otro pajarito volando, contento, e invitaba al primero a jugar con el agua y el viento; sin reparar en la condición en la que aquél se encontraba.

Esa misma noche el búho Sabetodo se presentó en los sueños de Grino, y  le dijo en tono compasivo: “Grino, Grino… comprendo tu pesar… tu nostalgia.  Cuéntame qué te pasa” …  Luego extendió un poco su ala y se dispuso a escuchar. Grino le dijo que no tenía fuerzas para abastecerse por sí mismo, que extrañaba mucho y no podía salir de su tristeza. Que su hermano estaba contento y era fuerte, pero él no. Y que a excepción de él, (de Sabetodo) nadie lo comprendía. Sabetodo contestó: “ recuerda que puedes llamarme cuando quieras. Yo me haré presente en tus sueños y en tu imaginación, para guiarte, acompañarte y darte fuerzas en el camino”. Después de un breve silencio agregó: “hay distintas formas de fortaleza y muchas formas de construirla. No resistas tu tristeza y mañana cuando despiertes, toma varias respiraciones profundas y piensa sólo en dar un pequeño pasito por vez. Ya verás, algo sucederá”… dicho lo cuál partió, dejando una esfera de luz al lado de Grino.

A la mañana siguiente, Pere se despertó con el canto de un pájaro. Cuando lo vio no lo pudo creer: era igual al pajarito contento de sus sueños. En el mismo instante en que sus miradas se cruzaron, reconocieron la afinidad de temperamentos y supieron que serían amigos. Esa mañana fueron juntos a buscar su desayuno.

Cuando Grino despertó, se sintió tan triste como el día anterior. Sentía que nada había cambiado. No tenía fuerzas para respirar profundo, como Sabetodo le había enseñado, y menos aún para pensar en dar algún pequeño pasito. Estaba en medio de esas tribulaciones cuando vio, justo debajo de su rama, un pajarito herido sobre la tierra. Sin pensarlo, fue hasta donde él estaba. El pajarito tenía un ala lastimada; estaba con hambre y con frío. Entonces Grino tomó unas cuantas respiraciones profundas y partió raudamente a buscar gusanitos. Después de alimentarse, ambos se quedaron juntos dándose calorcito.

Al día siguiente, Grino se despertó un poco más animado y hambriento, de manera que sacudió un poco su pereza y fue de caza. Al rato se cruzó con su hermano en el camino. Ambos se alegraron del encuentro y se detuvieron para conversar.
Pere habló primero: “hermano querido, la otra noche tuve un sueño, vi a un pajarito herido y cómo otro se le acercaba y hablaba como si nada le pasara. Te pido disculpas, porque yo el otro día hice lo mismo con vos: no comprendí tu tristeza”.
“Me hacen muy bien tus palabras”, respondió Grino, “iré, en unos días, a visitarte. Ahora no puedo, porque estoy cuidando al pajarito herido”.
Ese día se despidieron con un abrazo profundo y fraterno.  

Con el transcurso de los días y sus nuevas experiencias, ambos habían cambiado y crecido. Ya no esperaban tanto el uno del otro, tenían nuevos amigos, Pere se había vuelto más comprensivo y Grino estaba más contento y fortalecido. 

Al alejarse, Pere vio una esfera de luz brillar cerca de Grino.

Lic. Eugenia Lerner

domingo, 22 de mayo de 2011

Pere y Grino: la magia de alimentarse.

En unos días más Pere y Grino tendrían que pasar la prueba final para estar en condiciones de independizarse. Esta prueba consistía en obtener su propio alimento. Una vez que demostraran su capacidad de abastecerse por sí mismos, papá Hal y mamá Con prepararían la ceremonia de despedida. Luego, según la tradición, dejarían el nido.
Pere, dado su temperamento aventurero, no veía la hora de explorar nuevos territorios. Grino más bien prefería ensoñar esas situaciones, en la comodidad de su hogar.
Como tenían personalidades tan diferentes, también encaraban su entrenamiento de manera diferente. Pere practicaba muchas horas al día y ejercitaba su agudeza visual y otras habilidades físicas y mentales necesarias para cazar. Generalmente quedaba extenuado. Grino, en cambio, sólo utilizaba unos minutos diarios para estas cuestiones y el resto del tiempo lo pasaba jugando, descansando e imaginando que cazaba gordos pajaritos. Pero al parecer su sistema no estaba funcionando bien, porque hasta el momento, sólo había atrapado uno, mientras que Pere, no paraba de cazar.
Si bien a Grino no le importaba mucho esta prueba (porque no tenía verdadera urgencia en dejar el nido) Pere se burlaba de sus ‘fracasos’ y su amor propio se estaba viendo afectado cada vez más. Por lo que decidió cambiar de actitud y demostrarle en los hechos de lo que era capaz.

Hacía un tiempo Grino había escuchado al búho Sabetodo (asesor y amigo de sus papás) decir que si uno imaginaba algo intensamente, lo que uno imaginaba se convertiría, algún día, en realidad. Fueron dichas palabras de Sabetodo, sumadas a su tendencia natural a la ensoñación, las que lo llevaron a adoptar el método en cuestión. Así que, sin decirle nada a nadie, decidió ir a consultarlo.
Voló hasta donde el búho sabio vivía y, después de respetuosos saludos, le contó que imaginaba todos los días que atrapaba, pero que cuando salía a cazar, la presa se le escapaba.
Acto seguido, Sabetodo le hizo una serie de preguntas para averiguar, con más detalle, cómo se entrenaba. Después de obtener la información que necesitaba, el búho prosiguió: “en aquélla oportunidad, escuchaste sólo una parte de lo que dije… La cuestión es que para que la imaginación alimente hay que alimentar la imaginación”.
Grino se quedó perplejo y le pidió aclaración. Sabetodo no contestó directamente pero, cuando se despidieron, agregó: “Pere y Grino son dos partes de un todo. Suelen ser más efectivos cuando uno colabora con el otro”.

Después de reflexionar unos minutos Grino comprendió el mensaje: debía ejercitar todas las habilidades por igual (la visión, el vuelo, la caída en picada, el atrape, la actitud relajada y asertiva, junto con la imaginación). Dado que su amor propio estaba en juego, se abocó a ello con empeño y determinación.

Llegó el día esperado y todos despertaron al amanecer. Pere y Grino salieron de caza. Los papás, esperaron ansiosos su regreso al nido. Un rato más tarde, apareció Grino, sonriente y tranquilo, transportando una magnífica presa en sus garras. Minutos después, llegó Pere con la suya, un poco cansado, pero feliz.

Los padres, de acuerdo con las tradiciones, realizaron el ritual y todos festejaron contentos y en paz.
A la mañana siguiente, Sabetodo vio volar a los hermanos armoniosamente, en la misma dirección; con alegría les dio su bendición de despedida.
Eugenia Lerner



domingo, 15 de mayo de 2011

Pere y Grino: acerca de la comodidad, el placer y la satisfacción.

Hal y Con vivían en una maravillosa montaña desde hacía unos meses. Habían elegido ese lugar para anidar debido a que era una zona boscosa, llena de pequeñas aves e insectos de los que alimentarse y con pocos depredadores a la vista. Había, además, varios arroyitos para tomar agua que al pasar emitían sonidos casi musicales, cuyo efecto era relajante o estimulante, según la cantidad de agua que llevara la corriente.

Poco tiempo después de establecerse allí, Con puso dos hermosos huevos, de los que nacieron sus crías, Pere y Grino. Al principio, la crianza tuvo sus dificultades, pero con el pasar de los días los papás se volvieron más duchos y podían distribuir mejor el tiempo entre juegos y obligaciones.
Pere y Grino crecían confortablemente bajo el cuidado de sus dedicados padres. Cuando cumplieron dos meses, para festejar, Hal les llevó dos suculentos bocados, que devoraron con placer. Una vez que terminaron de comer, el papá dijo con voz firme y paternal: “ya les creció el plumaje, llegó la hora de aprender a volar”.
Pere, que desde hacía unos días esperaba la llegada de ese momento, se sentía impaciente por empezar. En cambio, Grino que estaba muy cómodo en el nido, no tenía ni cinco de ganas de despegar. Así que mientras uno brincaba de alegría, el otro se apretujaba en un rincón, con la ilusión de pasar desapercibido.
A Hal no le sorprendieron mucho las reacciones de sus hijos, porque ya se había dado cuenta que tenían temperamentos muy diferentes. Pero, debido a que era la primera vez que daba instrucciones de vuelo, no sabía muy bien qué hacer para movilizar a Grino. Mientras reflexionaba, a mamá Con se le ocurrió algo. Se acercó al pichón y con su pico lo levantó de la panza suavemente, pero con firmeza, de tal manera que éste no tuvo más remedio que ponerse en pie. Acto seguido Con dio la primera lección que consistió en mostrar la postura corporal correcta (necesaria para poder luego extender las alas).
Pere imitó la postura de su mamá sin dificultad y con alegría, mientras que Grino intentó sin éxito. Se lo veía mover el cuerpo para todos lados, pero ni bien lograba acomodar una parte, la otra se le desacomodaba. A decir verdad, todo esto le resultaba molesto y displacentero. Pero, dada la insistencia de sus padres, siguió probando y probando hasta que finalmente logró alinear el cuerpo y mantener bien erguida la cabeza. Sintió una oleada calentita de satisfacción en su alma, la primera de su vida. Fue una hermosa recompensa a todas sus incomodidades y molestias.

Al día siguiente papá Hal les enseñó a extender las alas. El confiado y alegre Pere inició el movimiento pero ¡uy! … sus fuerzas no le alcanzaron y se quedó a mitad de camino. ¡No lo podía creer! ¡Parecía tan fácil! Su orgullo se magulló y esta fue la primera insatisfacción de su vida.
Al ver a su hermano ‘fracasar’, Grino pensó que esta cuestión de abrir las alas debía ser muy difícil, que él tampoco lo lograría. De todas maneras, se paró en la posición correcta, llevó la atención a la respiración, inspiró profundo y junto con una lenta exhalación ¡ah! ¡las extendió! Concentrarse en la respiración, tal como le habían enseñado sus padres, y mantenerse enfocado en su intención habían hecho la magia. En un momento cerradas y al siguiente ¡abiertas! Esto le resultó casi más placentero que comer.

Unos días después, Hal y Con abordaron la tercera lección: movimiento de alas. Hicieron varias demostraciones,  paso por paso, con lujo de detalles. Pero, a pesar de que los pichones prestaron mucha atención a todas las indicaciones, cuando llegó el momento de imitarlos, se tambalearon y cayeron. Quedaron cola para arriba y pico para abajo contra el piso. Verlos así fue tan cómico que los padres no pudieron contener la risa y, al rato, los cuatro estaban riendo a más no poder. De manera que a pesar de no haber podido mover bien sus alas, pasaron un momento divertido y placentero. Esa noche tuvieron un descanso profundo y reparador.
A la mañana siguiente, después del desayuno, los pichones volvieron a intentarlo y al cabo de unos minutos sus alas se movían con bastante gracilidad.

Faltaba la última lección: el vuelo. Hal y Con esperaron pacientemente a que llegara el día apropiado, con buen viento. Ese día finalmente había llegado y Pere no podía parar de mover sus alas, de la excitación que tenía, pero a Grino le daba mucha pereza.
Eligieron una rama baja, en un lugar despejado, para enseñar la mecánica del vuelo. Cuando los pichones partieron por primera vez de esa rama, más que volar, aterrizaron planeando sobre el suelo. Sólo después de bastante práctica pudieron volar de una rama a otra y necesitaron aún más entrenamiento, para remontar vuelo.
Pere daba grititos de alegría con cada avance. Mientras que Grino profería chillidos de fastidio cada vez que debía pasar al siguiente tramo del proceso.
El día que los pichones dominaron el arte del vuelo, toda la familia preparó un festín y celebraron satisfechos.

Pere y Grino habían aprendido algo más que a volar. Aprendieron que para crecer tenían que salir de la comodidad y que aún cuando no la pasaran bien en algunos momentos, tenían recursos para generar diversión y placer. Descubrieron también que la mayor satisfacción en su vida provenía de ser peregrinos, de seguir creciendo y aprendiendo en su camino.
Eugenia Lerner

miércoles, 4 de mayo de 2011

La fábrica de proyectos

Al ingresar al predio, una mujer amable les preguntó: “¿en qué puedo ayudarlas?”.
-          Venimos a hablar con la Asesora de propósitos -respondió una de ellas.
-          Tomen asiento, por favor –dijo la mujer- en unos minutos las recibirá.
Tengopereza, Quierolograrlo y Todoya se sentaron a esperar. Tengopereza fue allí “bajo protesta” porque, a esa altura de los acontecimientos, había perdido el interés en el proyecto. De manera que se sentó en el sillón más cómodo que pudo encontrar, y masculló sobre él su disconformidad.
Quierolograrlo, estaba bastante expectante y con muchos interrogantes. ¿Cómo sería la Asesora?, ¿cuánto ayudaría? ¿Qué pasaría con el proyecto? Estas y otras preguntas se le cruzaban insistentemente por la cabeza desde hace días. Sentía una mezcla rara de optimismo y dudas respecto de lo que tenían por delante. Por eso, mientras esperaban, decidió pensar en otras alternativas, por si esta no daba los resultados esperados.
Todoya estaba, como era habitual, nerviosa e impaciente. Se ubicó al lado de Tengopereza, pero al sentir su mala vibra, cambió de lugar y se quedó parada junto a Quierolograrlo.

Unos minutos más tarde la Asesora las recibió con una sonrisa y después de una breve charla informal, preguntó:
-          ¿En qué puedo ayudarlas?
-          Bueno… eh… -respondió Quierolograrlo- venimos a consultarla porque queremos hacer una película. Hace dos meses terminamos la carrera de cine. El problema es que no nos ponemos de acuerdo en qué tipo de película queremos realizar y estamos desorganizadas.
-          Ajá … y que opciones han considerado? –preguntó la Asesora.
-          Se nos ocurrieron algunos temas pero los descartamos por distintos motivos: porque no nos gustaron, nos parecieron poco convocantes o eran muy complejos de realizar –respondió Quierolograrlo.
-          ¿y Uds. cómo ven la situación? –preguntó la Asesora, mirando a las otras dos.
-          Yo no tengo muchas ganas de embarcarme ahora en una película. Siento que es mucho esfuerzo. –dijo Tengopereza- Más bien querría tomarme unas vacaciones, pero…
Quierolograrlo interrumpió:
-          Ya nos tomamos dos meses
-          Por favor no volvamos sobre esa cuestión –dijo Todoya-
-          Cuál creen que es la principal dificultad? –preguntó la Asesora.
-          No sé –dijo Todoya- yo al principio estaba entusiasmada pero ahora ya no. A mi me gustaba mucho un guión y tenía ganas de filmarlo, pero cuando vimos que la producción era muy difícil y costosa abandonamos la idea y me desilusioné. Y después surgieron todas las discusiones, y me sacaron las pocas ganas que todavía quedaban.
-          Yo creo que la dificultad es que cada una quiere cosas muy diferentes y ellas no son realistas. Todoya se delira con propuestas que están muy fuera de nuestro alcance y lo que a mi me parece posible a ella le parece aburrido. A Tengopereza le gusta soñar, ella quiere que nosotras hagamos todo el trabajo; sólo hace lo que le gusta y disfruta pensando en la película, como si el trabajo se hiciera solo.
La Asesora reflexionó unos segundos y luego dijo:
-          Parece que al principio las tres estaban motivadas con la idea de hacer una película, ¿no?
Todas afirmaron, aunque Tengopereza asintió de mala gana. La asesora continúo:
-          Después con las dudas, desilusiones y discrepancias se bloqueó transitoriamente el proyecto. ¿Si encontraran una manera efectiva de resolver estas dificultades estarían dispuestas a seguir intentando?
-          Si, claro- dijo Quierolograrlo.
-          Efectiva quiere decir rápida?- preguntó Todoya.
-          Si no es mucho trabajo, puede ser- respondió Tengopereza.
-          En realidad me parece que cada una de Uds. puede brindar algo útil al proyecto –dijo la Asesora, dejando a todas boquiabiertas con este comentario inesperado y sorprendente- Cada una puede aportar un aspecto necesario y útil para llevar adelante la tarea. Pero en este momento las contribuciones de cada una están en un estado potencial, no resultan claras a simple vista y necesitan ser reconocidas para que puedan desplegarlas.
Sus roces pueden impedir o pulir el desarrollo del proyecto, dependiendo de la actitud que tengan con ellos. Si enfocan las fricciones con espíritu de investigación y colaboración, les servirán para mejorar de alguna manera y utilizar favorablemente sus diferencias. Podrán descubrir qué es lo que cada parte tiene para aportar y cómo construir un camino válido para todas. ¿Les gustaría considerar este enfoque?
Cuando las tres asintieron, prosiguió:
-          Mi impresión es que Todoya está regulando el tiempo, o sea, la duración del film y del proyecto. Como es la primera película que encaran, siente que sería mejor emplear un tiempo más acotado y hacer un cortometraje.
Parece que Tengopereza está regulando el esfuerzo. No quiere que se embarquen en algo complicado, que exceda la experiencia de Uds. en este momento. Quiere contribuir además compartiendo sus ‘sueños’ e incluir sus fantasías en el proceso. Con esto les está recordando que algo puede ser simple y significativo al mismo tiempo, puede ser acotado y tener suficiente ‘vuelo’.
Quierolograrlo está motivada para realizar el proyecto, resolver las dificultades y considerar diferentes alternativas para cada cosa. Una vez que aprenda a escuchar a las demás, podrá valorar la contribución de cada una y ayudarlas a trabajar en conjunto.
Seguramente con esta consideración podrán hacer la película, trabajar en equipo, y aprender mucho las unas de las otras.

Al escuchar todo esto las tres se sintieran más animadas, aliviadas y comprendidas. Tenían más claro el rol de cada una y cómo conformar el equipo.
La Asesora se despidió diciendo: “esto es todo lo que tengo para decir por el momento. Pueden volver cuando quieran”.

Cuando Sofía salió del trance chamánico se sintió algo extrañada. Su experiencia había sido menos metafórica u “onírica” que otras veces, y más parecida a una conversación en “la vida real”.  Mientras reflexionaba sobre esto una voz interior le dijo: “la experiencia se presentó de esta manera para mostrarte un estilo  de comunicación con uno mismo, que se puede mantener en la vida cotidiana, en el estado habitual de consciencia”. Al escuchar esto la sensación de extrañeza se disipó y dio lugar a una profunda sensación de bienestar e integración.
Sentía que la meditación la había transformado y clarificado. Le había mostrado un camino para dejar de pelear con sus diferentes aspectos y necesidades. Una forma de  escuchar y respetar a cada parte y, bajo la amable guía de su Asesora interior, lograr la colaboración de todas con el proyecto.
Ahora necesitaba aplicar día a día lo aprendido. Tenía claro que no podría conformar totalmente a todas sus partes todo el tiempo, pero que tampoco se trataba de eso. Más bien lo que necesitaba era paciencia y disposición para tomarlas en cuenta y lograr su cooperación para co-crear su vida y fabricar sus sueños.

Eugenia Lerner

viernes, 18 de febrero de 2011

Cinco estadíos

Introducción

Algunos autores distinguen cuatro estadíos en el desarrollo de habilidades. Cuatro fases en el despliegue de nuestras capacidades. No se sabe a ciencia cierta quién fue el iniciador de este modelo. Según algunas fuentes, fue Noel Burch, (de la Gordon Training International Organazation), quien a su vez se inspiró en el modelo de aprendizaje propuesto por Abraham Maslow.
Estas fases son:

1)      incompetencia inconsciente: uno no sabe que no sabe algo
2)      incompetencia consciente: uno se da cuenta que es incompetente en algo
3)      competencia consciente: uno desarrolla habilidad en esa área pero todavía tiene que pensar para realizarla
4)      competencia inconsciente: uno logró habilidad en algo y lo hace naturalmente

Un sueño

Parecía un edificio convencional de oficinas, descuidado y gris. Ciertamente no era como lo había imaginado, y por eso pensé que allí no encontraría lo que buscaba. No obstante, algo me impulsó a seguir adelante.
Las puertas de acceso estaban abiertas y daban a un gran hall de entrada, frío y desolado. A mi izquierda había un largo pasillo con muchos ascensores. Después de cierta vacilación, porque no sabía cuál tomar, subí a uno de ellos y marqué el primer piso.

En el primer piso había una especie de laberinto de pequeñas oficinas, atestado de gente. De esos cubículos entraban y salían personas constantemente. Realizaban distintas actividades y si bien todos eran diferentes, porque cada uno tenía su estilo y su propio ritmo para hacer las cosas, observé que tenían algo en común: todas actuaban de manera mecánica, automática, sin pensar.
Algunas hacían sus labores solas, otras en conjunto, pero cada una estaba en lo suyo, aún las que interactuaban lo hacían despreocupadamente sin prestar mucha atención al entorno.
Había mucho ruido y voces que se superponían. Algunas, cual cotorras, repetían secuencias una y otra vez. Aquí y allá, sobresalían  risas y llantos y algún que otro grito desconcertante.
No me gustaba estar allí, de manera que busqué una salida. Después de dar muchas vueltas (porque no la encontraba), llegué a un pasillo que desembocaba en una puerta roja que atrajo mi atención. Por algún motivo, desconocido para mí, la sola visión de esa puerta me serenó, así que decidí abrirla y ver qué había del otro lado. Conducía a una especie de plataforma de elevación. “Qué divertido” sentí/pensé y di un paso adelante. Ni bien entré comenzó a subir y se detuvo sola unos metros más arriba.

Llegué al piso siguiente. Este era un lugar parecido al anterior igualmente poblado, pero un poco más ordenado y despejado. Aunque había mejor circulación de aire y más iluminado se respiraba un clima general de preocupación, descontento, susto, inhibición y/o irritación. Sólo algunos individuos parecían disfrutar y estar bien, o al menos tranquilos.
En general se comportaban de manera más dubitativa e insegura que los del piso de abajo. Hacían y deshacían, guardaban y descartaban, oscilaban entre períodos de actividad e inacción.
Más allá de eso, daba la sensación de que estaban más conectados entre sí y con el lugar. Miraban lo que hacían otros y en algunos casos lo comparaban con sus propias producciones. Muchos imitaban los gestos y comportamientos de los demás y también se veía a algunos corregir a otros en sus quehaceres.
Como tampoco me gustó ese lugar, decidí continuar al piso siguiente. De manera que volví a la plataforma y, ni bien la pisé, otra vez comenzó a subir. Esta vez el viaje fue mucho más lento y extraño que el anterior. La plataforma cambió varias veces de velocidad, se detenía y volvía a arrancar, a veces intempestivamente y otras con suavidad.

Inquieta (por el comportamiento extraño del elevador) llegué al tercer nivel. Al salir de la plataforma alguien me esperaba en el hall de recepción. La inquietud desapareció y dio paso a una grata sensación de ser bienvenida. Lo interpreté como una buena señal. El señor que me recibió era de mediana edad, amable, medido y algo distante.
Recorrí el espacio, era inmenso. Contenía diversidad de habitaciones, salas, salitas, aulas, laboratorios, bibliotecas, gimnasios, teatros, y muchas cosas más. Cada lugar tenía su propio estilo de decoración y ambientación. El conjunto era dinámico y colorido.
Algunos ambientes estaban vacíos, otros ocupados por una, dos, tres o más personas. Algunas salas estaban repletas de gente.
Este lugar era mucho más tranquilo y organizado que los dos anteriores. Los seres que lo habitaban parecían más serios,  reconcentrados y medidos tanto en su forma de hablar como de comportarse.
Había espacios de actividad, otros de descanso y también algunos lugares de esparcimiento, en los que se los veía divertirse y disfrutar con mayor soltura y despreocupación.
Allí, como dije, todos parecían estar bastante concentrados y entregados a su tarea. Se esforzaban por hacer las cosas bien o por arreglar lo que salía mal.
A nivel interaccional tenían también mayor capacidad de atención y comunicación. Parecían escuchar más y pensar antes de hablar.
Algunos trabajaban en equipo en forma colaborativa pero otros parecían competir para “ser el mejor” o hacer mejor las cosas. Los competitivos estaban más tensos y parecían más agresivos, los colaborativos parecían más alegres y relajados.
Me gustaba ese piso y estaba cansada, así que busqué una habitación en la que pudiera recostarme un rato a descansar. Encontré un cómodo sofá y allí me quedé dormida.
Estaba en el mejor de los sueños, cuando un sonido fuerte me despertó y ya no pude volver a dormir. Decidí levantarme con la idea de seguir recorriendo, ya que quedaban muchas cosas por ver, pero para mi sorpresa escuché que alguien me llamaba desde algún lugar. Así que cambié de idea para ver de dónde provenía esa llamada. Después de una breve recorrida pude localizar de dónde provenía. Venía de la plataforma, pero como no se veía a nadie allí, supuse que alguien del siguiente nivel quería conectarse conmigo.  
Ingresé nuevamente al elevador, pero esta vez no se movió. No veía ningún botón o palanca para accionarlo, así que me quedé allí un rato, perpleja, pensando qué podía hacer. La voz seguía llamando, de manera que se me ocurrió preguntarle cómo se activaba la plataforma.  En ese momento el elevador comenzó a subir en forma suave y pareja.

El cuarto piso estaba iluminado con una luz muy especial, cálida y vigorizante al mismo tiempo
Tenía, como el piso anterior, multitud de habitaciones, salas, salitas y salones destinadas a múltiples usos, todo estaba ordenado y prolijo pero parecía menos estructurado. La decoración más liviana, original y creativa, con toques de belleza e ingeniosa practicidad.
Sentí mucha alegría de estar allí y aunque recién comenzaba mi recorrida, tuve la sensación de haber llegado al final del camino: había encontrado un hermoso lugar, armonioso y al mismo tiempo heterogéneo, organizado pero no rígido. Práctico y estético. ¿Qué más podía pedir?.
El espacio era inmenso y estaba poco poblado. Los seres que vivían allí eran más silenciosos y muy diferentes a los anteriores. Emanaban paz y fuerza a la vez, tenían movimientos confiados y fluidos. Cada personalidad era muy definida y parecían aceptar sus diferencias sin dificultad.
En una de las salas encontré seres descansando. Aproveché para decirles que ese era el espacio que estaba buscando y si me podía quedar allí. Me dijeron que en breve obtendría una respuesta.
Fui conducida a una habitación, me dijeron que esperara allí y  sirvieron una exquisita comida. Después de comer cerré los ojos, me relajé y presté atención al ritmo de mi respiración. Me llené de paz.
No sé cuánto tiempo permanecí en ese estado, tampoco importaba mucho saberlo, pero debe haber pasado bastante tiempo porque alguien volvió a traer otro exquisito plato de comida, junto a una nota que decía en letras grandes: “LA DECISIÓN ES TUYA”. “Qué maravilla”, pensé, “¡me puedo quedar!”.
Sin más demora, busqué una habitación libre para instalarme.

La percepción del paso del tiempo era muy diferente allí. A veces minutos parecían horas y otras veces, las horas se deslizaban como minutos. Así que perdí el registro, no sé cuánto tiempo permanecí en ese nivel.
Un día, a poco de ir a dormir, escuché una hermosa música que no había escuchado antes. Como no tenía mucho sueño me levanté para ver de qué se trataba.
Pasé por el elevador y vi que la música provenía de allí. Ni bien lo miré todo ese espacio se llenó de una luz magnética y vibrante, que penetraba la materia. Mi cuerpo vibró. Sin pensarlo me acomodé en el elevador y comenzó a subir. A medida que subía se hacía cada vez más liviano e inmaterial.

Llegué a un lugar etéreo. Los seres allí eran luminosos y se desplazaban con una notable liviandad. Se entendían casi sin necesidad de hablar, ni gesticular. Cada uno tenía una vibración y un tono de luz diferente, junto con una presencia muy definida, que producía inmediatos efectos en mis sensaciones y en mi mente. Algo en mí se modificaba con cada presencia, se transformaba: mi mente se expandió, comprendí cosas, su sentido, su forma de funcionar e interactuar, la conexión que había entre unas y otras. Captaba todo sin esfuerzo y las preguntas que se sucedían en mi mente encontraban, de alguna manera, respuestas que venían acompañadas de certezas.
Uno de los seres emitía un perfume indescriptible, conmovedor, que expandió mi corazón. Su presencia me llenó de amor.

Despertar

Me sobresaltó el despertador. Cuando abrí los ojos estaba en mi cama, en mi casa. No entendía nada, ¿había soñado o fue real?. Todo había sido muy vívido, mucho más que un sueño.
Me duché y tomé el desayuno. La claridad mental y la intuición eran sólo un grato recuerdo. Mientras me vestía tuve el deseo de volver al lugar de los seres etéreos, de volver a expandir mi consciencia y corazón, de volver a mi sueño.

Al rato, una ráfaga de indescriptible perfume llenó la habitación y experimenté, estando despierta, la misma expansión que en el sueño.

El quinto estadío

Desde mi punto de vista, hay un quinto estadío en el desarrollo de nuestras habilidades, la competencia supraconsciente: uno logró habilidad en algo y lo hace con mayor amor, intuición y creatividad.

Eugenia Lerner

sábado, 22 de enero de 2011

A cuatro voces

Estaban todas: Consinganas, Tenesquehacer, Aynopuedo y Quieroevolucionar.
Consinganas comenzó su monólogo matutino: ¡¡uy!! ¡¡Levantarme!! Me quedaría todo el día en la cama si no fuera porque me aburro terriblemente.
Ni bien escuchó la voz de Consinganas, Tenesquehacer se puso en guardia y cuando Consinganas se tomó unos minutos para suspirar, arremetió con su discurso (que sonaba como un agudo cacareo): te tenés que levantar ya, ir a gimnasia, luego a trabajar y luego al curso, sin olvidarte de todo lo que no tenés que hacer, como cometer errores, dilatar las cosas, pensar negativamente y todas esas cuestiones de las que ya te hablé una y mil veces.
Aynopuedo se despabiló y con su vocecita lánguida intentó hacerse oir. Le dijo a Consinganas que la comprendía, que casi siempre se sentía como ella y que Tenesquehacer la abrumaba y paralizaba.
Consinganas se sintió reconfortada, pero al mismo tiempo algo contrariada. Ella no quería parecerse a Aynopuedo, que vivía siempre lamentándose y buscando aliados por todas partes para justificar su debilidad. Ella en el fondo se sabía mucho más vital y, aunque a veces se quejaba y sentía sin fuerzas, cuando estaba de humor no había quién la frenara, ni siquiera Tenesquehacer. Pero en ese momento su comprensión le venía bien así que le respondió: “no sé de qué se las da esta Tenesquehacer, se cree la dueña del circo”.
Como la situación parecía estancarse y Quieroevolucionar tenía sus propios propósitos en la mira, decidió intervenir con amabilidad pero al mismo tiempo con firmeza: “bueno, chicas, las escuché a todas y me gustaría invitarlas a participar de un experimento, ¿están dispuestas?”
- depende de si me gusta o no – contestó Consinganas
- mmm…. No sé … ¿para qué? ¿Implica mucho esfuerzo? – dijo Aynopuedo
- si es para hacer lo que tenemos que hacer, estoy dispuesta- respondió Tenesquehacer
Quieroevolucionar se quedó pensando unos minutos, al cabo de los cuales le contestó a Consinganas:
- no sé si ahora te va a gustar, pero te va a gustar lo conseguido
A Aynopuedo le dijo:
- en realidad no implica esfuerzo físico ni mental, pero al principio puede parecer algo esforzado. Más bien implica tomar una decisión y luego, a lo largo del día, llevar la atención a todo lo que puede ayudar a sostener esa decisión. Yo te voy a guiar en el proceso.
Y a Tenesquehacer le dijo: agradezco tu colaboración y te pido que aprendas a hacer las cosas de otra manera, para que podamos utilizar nuestras fuerzas al máximo. Tenesquehacer se sorprendió al escuchar este comentario, porque no se le hubiera ocurrido que tenía que aprender algo al respecto.
Después de un breve intercambio con más preguntas, respuestas y aclaraciones, todas estaban medianamente dispuestas a hacer el experimento, de manera que Quieroevolucionar asumió el liderazgo y prosiguió:
“Ahora que estamos más o menos de acuerdo, les propongo lo siguiente: hagamos de cuenta por un momento que hemos decidido levantarnos de la cama, pero esta vez lo haremos de otra manera. Vamos a tomar unas cuantas respiraciones profundas, reconocer cualquier incomodidad o protesta y no la combatiremos; en lugar de eso vamos a relajar el cuerpo y seguir respirando. Muy bien… (Hizo una pausa y prosiguió). Ahora imaginemos que nos levantamos de la cama y tomamos ese rico café que nos gusta tanto, mientras continuamos relajando”…
Cinco minutos más tarde todas estaban en la cocina, preparando el desayuno. Después del delicioso café comenzaron a escucharse nuevamente las voces de protesta, reprimenda y desgano, porque a continuación habría que ir al gimnasio.
- “¡Chicas, chicas! – dijo Quieroevolucionar, y cuando consiguió que le prestaran atención, continuó – Recuerden que estamos haciendo un experimento. Ahora vuelvan a respirar, relajar y reconocer cualquier incomodidad sin resistirla y lleven la atención al efecto placentero que les produce la gimnasia y no a la incomodidad de hacerla”.
Sin mucho entusiasmo lograron salir de la casa y llegar al gimnasio. Durante los primeros minutos todavía se escuchaban los lamentos de Consinganas y Aynopuedo, y Tenesquehacer cacareaba ahora con voz más grave, llena de orgullo, porque se sentía triunfante. Al rato, el ritmo del ejercicio físico las acalló a todas.
Cuando salieron todas estaban de mejor ánimo y Tenesquehacer, más relajada, ya no se sentía triunfante sino satisfecha y agradecida.
Todavía quedaban el trabajo y el curso para completar el día. Nuevamente Consinganas protestó, y como Tenesquehacer estaba todavía bastante tranquila (por efecto de la gimnasia) no articuló ni una palabra al respecto.
Entonces Quieroevolucionar, después de reconocer que el trabajo que tenían en ese momento era poco convocante, propuso un cambio de actitud. ¿Qué tal si elegían aprender algo que les pareciera útil o interesante, en relación con alguna de las situaciones laborales?
Todas reaccionaron con desagrado e incredulidad a esta sugerencia. ¿Qué podría resultar interesante de esa situación?
Pero unas horas más tarde se presentó un conflicto con un compañero de trabajo y Quieroevolucionar aprovechó la ocasión para retomar el tema: “¿por ejemplo, respecto de este conflicto, habría algo que quisieran o necesitaran aprender? “
“Hum… quizás si” –pensaron- y pasaron el resto del día reflexionando sobre el tema, hasta que cada una eligió algo que particularmente necesitaba aprender para mejorar sus habilidades de relación.

Finalmente llegó la hora del curso y Quieroevolucionar estaba entusiasmada porque ese curso realmente le gustaba. Sabía además, que le vendría bien para los cambios que quería hacer en su vida. Pero Aynopuedo estaba agotada y quería volver a casa. Con la ayuda de  Consinganas, a la que también le gustaba el curso, lograron que Aynopuedo se mantuviera en la tesitura del experimento y en lugar de luchar para no ir, se imaginara que ya estaba allí, descansando cómodamente en una silla.
Cuando el curso terminó todas estaban bastante cansadas pero contentas.

A la mañana siguiente todo comenzó igual, como si nada: “¡¡uy no me quiero levantar!!”, “tenés que…” y todo lo demás. “¿Qué pasó? – pensó Quieroevolucionar, decepcionada - ¿Se olvidaron de todo?”.

A Quieroevolucionar le llevó un tiempo aceptar que tendría que seguir timoneando el barco constantemente,  porque ese era su papel, que cada parte tenía el suyo y que sus diferencias tenían un sentido (aunque no siempre lo comprendiera) como por ejemplo, el de enriquecer y dinamizar la experiencia.
Con el tiempo descubrió también que, con más pericia de su parte y mucha práctica, todas podían colaborar y seguir sus instrucciones, cuando habían decidido encaminarse hacia una meta.
Eugenia Lerner 

martes, 18 de enero de 2011

Comunicación psíquica

Me complace compartir con Uds. el artículo "Comunicación psíquica" que fue publicado en noviembre 2010 por la Revista Athanor.
Para leerlo clickear en el siguiente vínculo:
http://www.circulochamanico.com.ar/comunicacion_psiquica.pdf

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