lunes, 2 de abril de 2012

La “lasagna” de la incomprensión.


Gabriel está con malestares digestivos desde hace un tiempo y le “tomó idea” a la lasagna. Hace unos meses se descompensó y lo tuvieron que internar, pocas horas después de comer un suculento plato de dicha comida. Aparentemente la lasagna no tuvo nada que ver con lo que le pasó, (quizás sólo fue “la última gota que rebalsó” su aparato digestivo) pero en su memoria, quedó fuertemente asociada con aquel padecimiento.

Hace unos días sus suegros los invitaron (a él y a su mujer) a cenar a su casa. La suegra, excelente cocinera, preparó una exquisita lasagna, que llevó a la mesa con una sonrisa de satisfacción. Cuando Gabriel la vio sintió que su cuerpo se estremecía. No tenía ganas de comerla, pero tampoco quería perturbar al resto de los comensales y, menos aún, molestar de alguna manera, a su suegra. Por otra parte, parecía muy tentadora, así que respiró profundo y se la comió.
Horas después sintió un ligero malestar y al día siguiente estuvo todo el día un poco “descompuesto”. No tenía claro si le había caído mal la comida o su cuerpo respondía así a la aprehensión del recuerdo. Aunque esta vez su malestar físico fue leve, su malestar emocional y mental fue intenso. A partir de la internación lo aquejaron muchas dudas y temores respecto a su salud, y se incentivaron en ese momento. Por todo esto, tomó una decisión: aquella había sido la última lasagna de su vida.

Unos días más tarde, buscó el momento adecuado para transmitirle esta decisión a su mujer. Ella lo escuchó, lo miró con cara rara y le dijo “¡¡¡pero la lasagna no te puede hacer mal!!! es una comida sana….. Lo que pasa es que le tomaste idea”. Gabriel no lo negó, le dijo que si, que le había tomado idea, y que por eso mismo prefería no comerla. Ella (algo fastidiada) le insistió: “pasta, ricota y jamón, no te pueden caer mal”. No hablaron más del tema.

Cuando escuché su relato me pregunté:
¿y cómo puede ella estar tan segura que a él la lasagna no le hace mal? En realidad podría haber desarrollado alguna sensibilidad alimentaria o afectarle esta combinación de ingredientes en particular … Le vendría bien revisar sus supuestos y certezas en relación a lo que es bueno o malo para él.
¿y si le “tomó idea” cuál sería el problema? El lo reconoce… Después de todo, es tan humano tener aprehensiones en algunos momentos. Es así como funcionamos los seres humanos, asociando y des-asociando cosas y eventos todo el tiempo. Des-asociar lleva su tiempo.
¿será que no quiere pedirle a su mamá que prepare otra comida?
¿será que lo quiere ayudar a “superar” la situación, y dejar atrás el recuerdo? Quizás piensa que si le asegura que no le va a caer mal, lo convence, ¿pero con tan escaso argumento?.
¿será que está cansada de sus ansiedades y preocupaciones? Es probable, ¿pero este diálogo las frenará? Y si come la comida y le hace mal, ¿no se quejará?

También me pregunté: ¿las cosas no se hubieran aclarado un poco si él hubiera preguntado “en qué te afecta a vos mi decisión”?.
¿Y él se dará cuenta que sus quejas constantes son un peso para ella? Reconocerá y agradecerá todo lo que “soporta” su mujer?
¿Qué ella responda con “cara rara”  es un impedimento real para su dieta? Entiendo que él se sienta peor con estos gestos de ella (a casi todos nos afectaría) pero será cuestión de ver por qué opta: aceptar su cara o transitar otra indigestión.

Cuántas veces pasamos por situaciones similares en la vida cotidiana.
Ahora me pregunto: la próxima vez que alguien me diga que algo (comestible o no comestible) le hizo mal, qué le diré?
Ahora te pregunto: la próxima vez que alguien te cuente que algo le hizo mal, qué le dirás?
Y si en tu experiencia algo te hace mal y alguien te asegurara, sin más, lo contrario, qué es lo que harás?
Eugenia Lerner 

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