martes, 3 de julio de 2012

Piedrita marina

Hace poco caminé por una playa en la que había diversos cúmulos de piedritas marinas desparramados en la arena. Como estas piedras me gustan mucho, me quedé allí un largo rato, contemplándolas, tocándolas, admirándolas y pensando que podría llevar alguna, como recuerdo de ese lugar.
Seleccioné algunas y las llevaba en mis manos, cuando de pronto sentí que no, que esas piedritas no eran para mi, que debía dejarlas y las solté.

Esa noche tuve un sueño muy especial, en donde hacía algo que podría haber sido complicado y doloroso, con facilidad, placer y tranquilidad. Me pareció un sueño significativo, porque suelo poner más energía y esfuerzo del necesario en algunas cosas. Sentí que el sueño traía el deseo y la experiencia de una nueva etapa, en la que podría regular mejor el esfuerzo al hacer las cosas. Tomé consciencia de este deseo y lo convertí en una intención.

A la mañana siguiente volví a la playa. Ya no pensaba en llevar una piedrita. Pero a los pocos pasos, una piedrita gris con forma de “huevo” atrajo mi atención y “me llamó”. La tomé en mis manos e inmediatamente supe que “era la indicada”, que podía llevarla.
Unos minutos después me di cuenta que el huevo representaba el nacimiento de algo, el comienzo de esta etapa “de esfuerzo sin esfuerzo” (del Wu wei, al decir de los taoistas).
Lo celebro.

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