Kaizen: un pequeño paso puede cambiar tu vida

¿Quién no ha soñado alguna vez con obtener grandes cosas, de manera inmediata y con poco esfuerzo? Si ese tipo de sueños se concretan en tu vida con frecuencia, quizás este método no tenga mucho sentido para ti. Si, en cambio, como a la mayoría de nosotros, te cuesta llevar adelante alguno de tus  objetivos más preciados, el Kaizen puede ser de gran ayuda.

El método Kaizen es un proceso de mejora continua que, a diferencia de otros enfoques, propone la sumatoria de pequeñas acciones, simples, concretas y poco costosas en términos económicos y de esfuerzo, para obtener resultados. Kaizen es un concepto japonés que significa, precisamente, mejora continua. Está particularmente difundido en el mundo de la industria, porque es allí donde surgió, pero puede ser aplicado en cualquier contexto y en cualquier ámbito de la vida: para mejorar nuestra salud, nuestras habilidades, nuestras relaciones, nuestro trabajo o nuestra creatividad.
Existen muchas formas de alcanzar nuestros objetivos. Distintas corrientes filosóficas, psicológicas y espirituales proponen diferentes modalidades y enfoques respecto de cómo lograr lo que queremos. Esta diversidad refleja en sí misma, desde mi punto de vista, que no hay formas universalmente válidas, adecuadas para todas las personas ni en todas las circunstancias. Personalmente y en mi trabajo utilizo diferentes abordajes, debido a que elijo el método que me parece más adecuado para cada situación.  

El psicólogo Robert Maurer (de quien tomé prestado el título de esta nota) utiliza el Kaizen desde hace años para ayudar a organizaciones y pacientes en la consecución de sus objetivos.  A partir de su experiencia clínica sistematizó su práctica y aportó pautas útiles para lidiar con las dificultades y las resistencias que habitualmente se presentan en el camino.
J.B. Fogg (psicólogo de la Stanford University,  que estudia el comportamiento humano y los procesos de cambio) llega, desde otro punto de partida, a conclusiones similares. (Existen otros autores y modelos psicológicos que propician los cambios pequeños, graduales y concretos, pero no me parece oportuno entrar aquí en mayores detalles).

¿En qué consiste el Kaizen?
Básicamente el Kaizen consiste en realizar pequeños pasos para ir logrando o construyendo lo que nos proponemos.  Algunos de sus otros componentes esenciales son:
  • ·  la valoración de cada paso que damos
  • ·  la sustitución de la autocrítica que surge, cuando no los damos, por algún tipo de reconocimiento o aprendizaje
  • ·  la flexibilidad para redefinir las acciones y alternativas cada vez que sea necesario, para tomar en cuenta nuestras preferencias y dificultades en cada caso 

Veamos un ejemplo para comprender un poco más este sistema. Un paciente mío, que tiene una pequeña empresa, estaba muy angustiado porque perdía a su principal cliente. A sus sesenta y pico de años se sentía bloqueado y sin fuerzas para enfrentar esta situación.  Para no sucumbir al miedo buscaba distraerse o resolver otras cuestiones, pero esta conducta evasiva aumentaba sus temores porque sentía que no estaba haciendo nada para mejorar su perspectiva. Le pregunté qué paso pequeño podría dar, que no requiriera demasiada energía de su parte. Después de barajar diferentes opciones, me dijo que contactar a un potencial cliente, pero que aún eso le resultaba difícil en este momento. Le pregunté si estaba dispuesto a imaginar que lo haría durante un minuto y sonriendo, me dijo que sí, que eso si podía hacer. Sin más demora le propuse que tomara algunas respiraciones profundas, se relajara e imaginara por unos segundos que se comunicaba con él. Lo hizo sin dificultad y al concluir se sentía más relajado. Le sugerí que continuara imaginando lo mismo durante la semana. A la entrevista siguiente me contó que después de hacer el ejercicio dos o tres veces más, sintió el impulso de hacer la llamada y que la hizo sin dificultad.

El “truco” del pequeño paso es proponerse siempre menos de lo que se considera posible y realizable y no más. En esta oportunidad, a mi paciente le llevó poco tiempo pasar de un paso al siguiente, es decir, de la imaginación a la acción.  En otros casos puede requerir mucho más tiempo y es importante aclarar que el primer paso no siempre consiste en imaginar.

Veamos un ejemplo más. Una adolescente consultó porque le costaba mucho estudiar y se distraía con facilidad. A lo que llegamos es que antes de estudiar dedicaría unos minutos a  crear un ambiente agradable (ordenaría un poco el escritorio y pondría música suave). Luego, estudiaría durante cinco minutos (y no más) durante los dos o tres días siguientes, después de los cuales se daría alguna pequeña recompensa por hacerlo (como felicitarse o hacer algo que le gustara en ese momento). Le sugerí que si le iba bien con esto, sumara sólo uno o dos minutos adicionales por día y si veía que no podía sostener el ritmo volviera a los cinco minutos iniciales. Le dije, también, que en caso de que quisiera prolongar el tiempo de estudio no lo hiciera todavía, porque sería mejor que se quedara con las ganas de hacerlo y no saturada por haberse exigido, ya que la exigencia puede ser aversiva. Al cabo de unas semanas ya podía estudiar media hora seguida. A partir de allí le propuse que alternara secuencias de estudio con secuencias de descanso, y de esa manera pudo continuar estudiando varias horas por día.

Como se desprende de estos ejemplos, a veces menos es más. Aún cuando no es siempre así, es particularmente cierto cuando nos sentimos bloqueados, cuando algo nos resulta difícil o nos cuesta accionar. Tener grandes expectativas puede ser beneficioso en algunos momentos, pero en estos casos suele ser un factor que contribuye con nuestras frustraciones y dificultades.

En mi experiencia, lo que resulta más difícil en la aplicación de este sistema es definir cuáles serán los pequeños pasos o acciones a emprender en cada tramo, practicarlas durante el tiempo necesario y lidiar con nuestras expectativas, dudas e impaciencias. No obstante, para cada una de estas cuestiones hay otros conceptos y técnicas que nos pueden ayudar.

En relación a esto último me parece importante señalar que he notado que existen básicamente tres motivos por los que este método puede no funcionar: el primero es creer que no va a ser de utilidad, el segundo es la ansiedad respecto de los resultados y del tiempo que nos puede llevar (necesitamos darnos el tiempo suficiente para incorporar los nuevos hábitos o cambiar), el tercero es la falta de flexibilidad para definir o redefinir nuestros objetivos, los pasos para alcanzarlos o para buscar maneras adecuadas de abordar las dificultades que se puedan ir presentando.

Si bien no es necesario partir de la fe para implementar el Kaizen, como ocurre con casi todas las cosas que nos proponemos, nos va mejor cuando estamos realmente dispuestos/as y decididos/as a probarlo.
Lic. Eugenia Lerner

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