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Culpa por los gatitos

Uno de mis queridos alumnos, me contó que en sus vacaciones estaba paseando con su pareja a orillas de un río, cuando de pronto vio pasar una tabla, sobre la que flotaban varios gatitos. Inmediatamente los rescataron y les dieron abrigo. Ese mismo día los ofrecieron y una persona se los llevó, pero no pudieron desprenderse de una de las gatitas. Era tan cariñosa y hermosa que decidieron volver con ella a su casa, en la que conviven con otros cuatro felinos. Unas semanas después me envió este e-mail: “Estoy partido... la gatita que adoptamos contagió a todos los gatos de un virus bronquial.  Más allá de que vino vacunada, desparasitada, y sumamente atendida, parece que portaba algo latente. Todo empezó el sábado pasado.... de repente de tener todos los gatos sanos, empezamos a ver que varios estaban respirando por la boca. Volamos a la veterinaria, empezamos tratamiento, pero Rumi, el mágico compañero de camino, empezó a estar cada vez peor. El domingo lo internamos. Íbamos todos ...

La “lasagna” de la incomprensión.

Gabriel está con malestares digestivos desde hace un tiempo y le “tomó idea” a la lasagna. Hace unos meses se descompensó y lo tuvieron que internar, pocas horas después de comer un suculento plato de dicha comida. Aparentemente la lasagna no tuvo nada que ver con lo que le pasó, (quizás sólo fue “la última gota que rebalsó” su aparato digestivo) pero en su memoria, quedó fuertemente asociada con aquel padecimiento. Hace unos días sus suegros los invitaron (a él y a su mujer) a cenar a su casa. La suegra, excelente cocinera, preparó una exquisita lasagna, que llevó a la mesa con una sonrisa de satisfacción. Cuando Gabriel la vio sintió que su cuerpo se estremecía. No tenía ganas de comerla, pero tampoco quería perturbar al resto de los comensales y, menos aún, molestar de alguna manera, a su suegra. Por otra parte, parecía muy tentadora, así que respiró profundo y se la comió. Horas después sintió un ligero malestar y al día siguiente estuvo todo el día un poco “descompuesto”. No ten...

Medita Dora

Dora era bastante ansiosa, y se impacientaba e irritaba con facilidad. Hacía mucho tiempo que intentaba estar más serena, pero no lo lograba. De vez en cuando, en los picos de intranquilidad, pensaba que quizás necesitaba ayuda, pero cuando volvía a su meseta, olvidaba la cuestión. Un día, a raíz de un conflicto con su pareja, se desbordó tanto que se sintió bastante desquiciada. Se dio cuenta que no podía seguir así. Tendría que hacer algo al respecto. Una de sus amigas, asidua meditadora, le había sugerido varias veces que meditara, pero a Dora no la atraían mucho “esas cosas”. No obstante en esas circunstancias, estaba dispuesta a probar casi cualquier cosa, con tal de estabilizarse un poco. Llegó al lugar que su amiga le recomendó y le dijeron que esperara en el salón. Allí ya había unas cuantas personas sentadas en el piso, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. “uy… qué fastidio”, pensó, “esto no va a funcionar”. Esa postura francamente la incomodaba, le producía dolor de...

Pere y Grino: la magia de la transformación

Hacía unos días que Pere y Grino habían dejado el nido familiar para buscar su propio lugar. Después de tantear distintas posibilidades, Pere encontró un lindo huequito en donde anidar, entre unas rocas, con un buen ‘techo’ de ramas. Allí pasó la noche contento y orgulloso con su primera morada. Al despertar, a la mañana siguiente, quiso compartir su alegría con Grino. Sabía que no estaba muy lejos de allí, así que decidió ir a su encuentro. Para localizarlo, activó su ‘radar’ intuitivo de vuelo y permitió que éste lo guiara. A los pocos minutos lo divisó, posado quietito sobre una rama. Rápidamente aterrizó a su lado y sin poder contener su excitación le contó, con lujo de detalles, las peripecias de su búsqueda y las características del maravilloso lugar que había encontrado. Acto seguido, le pidió (en realidad casi lo instó) a que fueran hasta allí, para que Grino pudiera conocerlo. Pero Grino ni se movió. Permaneció cabizbajo y contraído todo el tiempo. Cuando Pere llegó y lo vio a...

Pere y Grino: la magia de alimentarse.

En unos días más Pere y Grino tendrían que pasar la prueba final para estar en condiciones de independizarse. Esta prueba consistía en obtener su propio alimento. Una vez que demostraran su capacidad de abastecerse por sí mismos, papá Hal y mamá Con prepararían la ceremonia de despedida. Luego, según la tradición, dejarían el nido. Pere, dado su temperamento aventurero, no veía la hora de explorar nuevos territorios. Grino más bien prefería ensoñar esas situaciones, en la comodidad de su hogar. Como tenían personalidades tan diferentes, también encaraban su entrenamiento de manera diferente. Pere practicaba muchas horas al día y ejercitaba su agudeza visual y otras habilidades físicas y mentales necesarias para cazar. Generalmente quedaba extenuado. Grino, en cambio, sólo utilizaba unos minutos diarios para estas cuestiones y el resto del tiempo lo pasaba jugando, descansando e imaginando que cazaba gordos pajaritos. Pero al parecer su sistema no estaba funcionando bien, porque hasta e...

Pere y Grino: acerca de la comodidad, el placer y la satisfacción.

Hal y Con vivían en una maravillosa montaña desde hacía unos meses. Habían elegido ese lugar para anidar debido a que era una zona boscosa, llena de pequeñas aves e insectos de los que alimentarse y con pocos depredadores a la vista. Había, además, varios arroyitos para tomar agua que al pasar emitían sonidos casi musicales, cuyo efecto era relajante o estimulante, según la cantidad de agua que llevara la corriente. Poco tiempo después de establecerse allí, Con puso dos hermosos huevos, de los que nacieron sus crías, Pere y Grino. Al principio, la crianza tuvo sus dificultades, pero con el pasar de los días los papás se volvieron más duchos y podían distribuir mejor el tiempo entre juegos y obligaciones. Pere y Grino crecían confortablemente bajo el cuidado de sus dedicados padres. Cuando cumplieron dos meses, para festejar, Hal les llevó dos suculentos bocados, que devoraron con placer. Una vez que terminaron de comer, el papá dijo con voz firme y paternal: “ya les creció el plumaje,...

La fábrica de proyectos

Al ingresar al predio, una mujer amable les preguntó: “¿en qué puedo ayudarlas?”. -           Venimos a hablar con la Asesora de propósitos -respondió una de ellas. -           Tomen asiento, por favor –dijo la mujer- en unos minutos las recibirá. Tengopereza, Quierolograrlo y Todoya se sentaron a esperar. Tengopereza fue allí “bajo protesta” porque, a esa altura de los acontecimientos, había perdido el interés en el proyecto. De manera que se sentó en el sillón más cómodo que pudo encontrar, y masculló sobre él su disconformidad. Quierolograrlo, estaba bastante expectante y con muchos interrogantes. ¿Cómo sería la Asesora ?, ¿cuánto ayudaría? ¿Qué pasaría con el proyecto? Estas y otras preguntas se le cruzaban insistentemente por la cabeza desde hace días. Sentía una mezcla rara de optimismo y dudas respecto de lo que tenían por delante. Por eso, mientras esperaban, decidió pensar en otras altern...