sábado, 25 de mayo de 2013

Buda, su papá y la felicidad

La historia de Buda siempre me fascinó. Hace unos días volví a ver la película “Un pequeño Buda” y me quedé pensando no sólo en Siddartha (el Buda) sino también en su papá y los caminos para alcanzar la felicidad.

Cuenta la leyenda que el papá de Siddartha, el rey Suddhodana, había determinado que su hijo, recibiera la mejor formación posible para que, cuando llegara el momento de sucederlo, fuera un buen soberano.
Ahora bien, como todos los que conocen su historia saben, el papá no se conformaba con eso, aspiraba a que su hijo fuera feliz. Para ello, decidió crear en el palacio y sus jardines, todas las condiciones imaginables para su felicidad.
Hizo del predio un pequeño paraíso, lleno de lujos, alegría, belleza y confort. No permitió que los ancianos de la corte se acercaran a él, para que el príncipe sólo estuviera rodeado de gente joven y vital. Por otra parte, le prohibió salir del palacio, para que no conociera los males del mundo.
De manera que Siddartha nació, creció y se educó allí. También allí se enamoró de una hermosa doncella y se casó. Hasta ese momento, todos sus anhelos se habían cumplido y su gozo era pleno.
Pero un día, poco antes de que naciera su hijo, sintió un intenso deseo de partir. Quería saber cómo era el mundo exterior. Después de su nacimiento se “escapó”.
Fuera del palacio se enfrentó con los ‘males’ y el sufrimiento del mundo: la vejez, la enfermedad, y la muerte (entre otras cosas) y no lo pudo tolerar. Tal fue el impacto y la magnitud de su sufrimiento que decidió buscar un remedio para aplacarlo.
Durante siete años buscó y buscó. Siguió a diferentes maestros y gurúes y probó concienzudamente todos sus métodos, pero no logró tener con ellos los resultados esperados.
Un día, casi a punto de darse por vencido, se sentó a meditar bajo un frondoso árbol, durante varios días, y se Iluminó. Cumplió así su objetivo de alcanzar la Paz y decidió dedicar el resto de su vida a cultivarla y transmitir sus conocimientos, para bien de los demás.

Considero que la historia de Buda tiene mucho para enseñarnos a todos, seamos budistas o no, y me gustaría compartir algunas reflexiones al respecto.
Podríamos pensar que el padre del Iluminado (como nos ocurre a casi todos los padres y madres) tuvo algunos desaciertos en sus criterios y métodos de crianza. Es tranquilizador constatar que estos no le impidieron a Siddarhta alcanzar la Paz.
Me pregunto: ¿este hijo le habrá reprochado a su papá el encierro al que fue sometido? En realidad me parece que no hay forma de saberlo, pero, a juzgar por su actitud, imagino que no debe haberse detenido mucho a reprocharle. Toda una enseñanza: no fue víctima de su sufrimiento. Puso el foco y la energía en sanarse.
También me pregunto: ¿si el papá de Buda no lo hubiese “encerrado” en su paraíso, Buda se habría Iluminado? Quizás, quizás no. No hay respuesta para esto. Pero parece que “caer del paraíso” fue un factor decisivo en su determinación de restablecer la felicidad perdida.
Otra gran enseñanza: a veces las experiencias dolorosas funcionan, en nuestra vida, como las partículas extrañas que hieren el cuerpo blando de la ostra. Para evitar el daño, ella envuelve la partícula con nácar, formando así, capa tras capa, una perla. Para repararse, crea y genera una gema.
Por último, me pregunto: ¿Se puede alcanzar la Paz negando los males del mundo? Creo que Buda encontró el placer antes de conocerlos, pero alcanzó la Paz luego de atravesarlos y transcenderlos.
A pesar de todo, el deseo de su padre se cumplió: Buda finalmente fue feliz.
  

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