Mamba, Candie y sus potrillos

Una mañana mi querida amiga Eve (que vive en Peuma Hue, una Estancia Turística, a orillas del lago Gutiérrez) me llama contenta para anunciarme:

- ¡Nació la bebé de Mamba! ¡es una potranca divina! Estoy un poco preocupada porque todavía no se para. Veremos cómo sigue, ya vino el veterinario. 

Unos días después me entero de que, pese a todos los esfuerzos y cuidados que se le prodigaron, la potranca pereció. Eve me contó, muy conmovida, que la yegua corría por todos lados, relinchando desesperada cuando tuvieron que retirar el cuerpito inerte de su bebé. 
La pena de mi amiga se mitigó un poco cuando el veterinario le aseguró que Mamba estaría bien en pocos días, “ya que las yeguas superan rápidamente sus pérdidas”. 
Un mes después otra yegüita, Candie, alumbró un potrillo muy parecido al anterior. La semejanza no era casual: ambos fueron engendrados por el mismo padre.
Candie, que se había apartado de la manada durante el alumbramiento, regresó a la cuadrilla con su hijito, unos días después, escoltada por Diego, el dedicado cuidador de caballos. Eve no podía creer lo que sucedió después. Cuando Mamba vió al recién nacido se abalanzó sobre él. Quería apartarlo de Candie, seguramente con la intención de adoptarlo. En ese momento se desató una pelea violenta entre las yeguas. Patadas y coces a más no poder. “No las podíamos separar. El potrillo recibió dos patadas y no sé cómo no lo mataron. Salió volando dos metros por el aire y se salvó de milagro. Tuvimos que ubicarlas en corrales distintos, para que no corra sangre”. 
Al escucharla pensé que, al parecer, las yeguas no olvidan tan rápidamente a su progenie.

La historia no termina allí. Hace unos días me enteré de que Mamba se escapó de su corral y fue a buscar a Candie y al potrillo. Esta vez no sólo no se atacaron, se unieron en el cuidado del bebé.
Ayer se las vió correr juntas y felices por el campo, lado a lado con el potrillo. ¡Qué emoción! 

No sé muy bien qué me llevó a querer compartir esta historia. Me conmovió y me llevó a la reflexión. Cuántas veces suponemos erróneamente lo que sienten los animales y las personas. Cuántas veces dañamos, sin querer, a quien amamos. ¡Qué capacidad de sanación tenemos cuando nos conectamos con la corriente sabia de la Vida!
Lic.Eugenia Lerner

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