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Buda, su papá y la felicidad

La historia de Buda siempre me fascinó. Hace unos días volví a ver la película “Un pequeño Buda” y me quedé pensando no sólo en Siddartha (el Buda) sino también en su papá y los caminos para alcanzar la felicidad. Cuenta la leyenda que el papá de Siddartha, el rey Suddhodana, había determinado que su hijo, recibiera la mejor formación posible para que, cuando llegara el momento de sucederlo, fuera un buen soberano. Ahora bien, como todos los que conocen su historia saben, el papá no se conformaba con eso, aspiraba a que su hijo fuera feliz. Para ello, decidió crear en el palacio y sus jardines, todas las condiciones imaginables para su felicidad. Hizo del predio un pequeño paraíso, lleno de lujos, alegría, belleza y confort. No permitió que los ancianos de la corte se acercaran a él, para que el príncipe sólo estuviera rodeado de gente joven y vital. Por otra parte, le prohibió salir del palacio, para que no conociera los males del mundo. De manera que Siddartha nació, crec...

Efectos de un dogma

El hijo de una querida amiga, Pedro, de treinta años, quedó viudo recientemente, con un hijo de siete. Por cuestiones económicas y de cuidado del niño, decidió que lo mejor sería aceptar el ofrecimiento de su madre y mudarse a vivir con ella. La diligente y amorosa madre-abuela se abocó entonces a preparar todo lo que estuviera a su alcance para recibirlos. Buscó una escuela para su nietito, próxima a su casa, ya que el establecimiento al que concurría quedaba muy lejos de allí. En pocos días consiguió una vacante a media cuadra de su domicilio, en una buena escuela que tenía, además, la ventaja de tener doble turno. Muy conveniente debido a que tanto el papá como la abuela trabajan todo el día. Contenta con lo que había logrado, atendió el llamado telefónico de su hermana (tía de Pedro): -        Hola ¿cómo estás? – pregunta Petra (su hermana) -        ¡Bien! ¡Hoy pude anotar a Lucio en la escuela de la v...

"¡¿Ladrones de energía?!"

Soledad regresó a su casa después del trabajo. Abrió su Facebook para distraerse un poco antes de la cena. Una foto del Dalai Lama llamó su atención. El título decía: “Los 10 ladrones de tu energía” y debajo de la foto se leía: 1.    Deja ir a personas que llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo… etc. Dudó de que esas fueran las palabras exactas del Dalai, porque él habla siempre de la comprensión y la compasión entre los seres. Pensó en su compañera deprimida, por una reciente separación y en las largas charlas, en las que ella aliviaba su congoja. Según estos consejos ¿debería alejarse de ella? ¿Su compañera estaría “robando” su energía?. Pero lo cierto es que aunque por momentos se sentía un poco abrumada, sus conversaciones contribuían a profundizar la relación y a afianzar los lazos de confianza entre ellas. Más abajo, en inglés, otro post decía: “Keep people in your life that truly love you, motivate you, encourage you, and...

El color de los seres

No sabía cómo había llegado allí. Tampoco tenía muy claro qué ni dónde era "allí". Algunos días pensaba que quizás había sufrido un accidente y estaba postrado en alguna cama de hospital, alucinando. Otras veces pensaba que ya no habitaba su cuerpo y estaba en "el más allá". También se le había ocurrido pensar que los seres que vivían en ese lugar lo habían abducido. Pero la hipótesis preferida era que seguía en la Tierra y que, por algún extraño motivo, su forma de percibir había cambiado. A lo largo del tiempo (no sabía cuánto) hizo distinto tipo de experimentos, con la intención de someter a prueba cada una de estas posibilidades. Ninguna de ellas le permitió obtener resultados concluyentes. Así que, para no desesperar, había decidido que viviría cada instante según la sensación o certeza que tuviera en cada momento. Como eso ya no lo atormentaba tanto, ahora estaba abocado (a decir verdad, casi obsesionado) a descubrir de qué color era él (si es que era ...

Reclamo

A Inés la despertó la patita de su gata en la mejilla, a las seis de la mañana, como era habitual. Se quedó remoloneando un rato en la cama y luego se duchó, tomó un desayuno liviano, le dio de comer a Lady (su gata), la acarició y partió rumbo al trabajo. Después de acomodarse en su box y ponerse los auriculares, atendió la primera llamada del día: - Buenos días, soy Inés, ¿En qué puedo ayudarlo? - Este es el tercer mes consecutivo   que me quieren cobrar el servicio de Internet, que YA DI DE BAJA. Ya reclamé varias veces por este motivo. - Lo lamento, Sr. Por favor ¿puede darme su número de teléfono para verificar la factura? - Si, se lo doy, pero esta conversación ya la tuve 20 veces y no resolvieron mi problema. - Entiendo, por favor, deme su número de teléfono para verificar. Inés verifica la factura y responde: - Efectivamente Sr. le cobraron el servicio indebidamente. Por favor tome nota del número de su reclamo: EJ4728F - Si, ya sé que me lo cobraron i...

Ecología de la paz

Decía Krishnamurti que si queremos Paz en el mundo debemos comenzar por nosotros mismos. Lo podemos hacer extensivo a nuestras relaciones. Aquí un breve relato de lo que ocurrió una tarde con un matrimonio, él ecologista, ella empleada de la justicia: Llovía y la película empezaba en cuarenta minutos. Hacía alrededor de seis meses que por distintos motivos no habían podido ir al cine. Ya habían dejado a dos de sus hijos con la abuela. Ahora restaba ubicar al pequeño en lo de un amiguito. El papá lo acomodó en el asiento trasero del auto y antes de partir, su mujer le dijo: "por favor, cargá nafta en el camino, que el tanque está vacío". El hizo un gesto con la cabeza y se fue. Diez minutos después, pasó a buscarla, tocó bocina y ella subió rápidamente al auto. Mientras se acomodaba en su asiento miró, en un acto reflejo, la aguja del medidor y vió que estaba exactamente en el mismo punto que antes:  "vacío". - No cargaste nafta !? - dijo ella - No, n...

Una ensalada griega

En casa, yo preparaba la ensalada griega (que lleva queso, tomate, pepino, cebolla morada y aceitunas negras) con rodajas muy finas de pepino. Hace poco tuve la dicha de pasar unas vacaciones en Grecia, con un grupo de gente interesada en la historia, la cultura y también en la comida de ese país. Allí pude disfrutar de esta deliciosa ensalada. A diferencia de lo que yo hacía, los griegos cortan el pepino en trozos y no en rodajas finas. Esto cambia mucho su textura y humedad, e incluso su sabor. La convierte en una ensalada "crocante" y más sabrosa, con más cuerpo. Nunca hubiera imaginado que la forma de cortar una hortaliza pudiera producir tanta diferencia al paladar.  Esta experiencia me recordó que, a veces, una pequeña diferencia puede llevar a un gran cambio. En los lugares en donde comimos, servían tres o cuatro aceitunas por porción. Algunos de mis compañeros de viaje hacían bromas porque decían que en el país de los olivos "se escatiman las aceitunas...